Paradojas que tiene la política: el presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, podría terminar por convertirse en el villano de la película blanquiazul con un triste final.
Si, el llamado “joven maravilla”, el líder nacional que tanto presumió el histórico triunfo de su partido en siete estados de la República el pasado mes de junio, el que ha hecho de su imagen personal una marca registrada en spots televisivos, el que alardea de buen polemista… Si, el joven Anaya podría llevar a Acción Nacional al resquebrajamiento y a ver como se esfuman sus posibilidades de regresar a Los Pinos.
La carta que varios connotados panistas le dirigieron ayer, para exigirle una pronta definición en sus aspiraciones políticas para el 18 y si desea competir por la candidatura retirarse lo antes posible para asegurar un proceso interno parejo e imparcial, desova el huevo de la serpiente.
Es un hecho que Anaya desoirá el llamado. Primero, porque la mayoría de los firmantes (Alberto Cárdenas, Ernesto Cordero, Roberto Gil, Gustavo Madero y José Guadalupe Osuna Millán, entre otros) son abiertamente simpatizantes de la candidatura de Margarita Zavala, y segundo -el factor más importante-, porque bien sabe Anaya que apenas deje la presidencia del CEN del PAN sus posibilidades se reducirán al mínimo y nada tendrá que hacer frente a la esposa del ex presidente Felipe Calderón.
Y primero muerto que echar a la basura tanto spot invertido para construir su imagen y proyectarse hasta aparecer, actualmente, como el único que puede competirle a la ex primera dama.
Anaya necesita la presidencia del PAN para seguir creciendo y no la va a dejar nomas por darle gusto a sus rivales. Y estatutariamente, además, no hay norma ni regla que lo obligue a renunciar a convocar a la renovación del CEN, mucho menos cuando pública y oficialmente no ha reconocido lo que todo mundo sabe: que si busca la candidatura presidencial de su partido.
Así es de que mientras el no diga “esta boca es mía”, nadie lo puede obligar a tomarse la medida.
Aquí es donde empieza el agarrón entre los azules. Anaya no va a ceder; tampoco los pro zavalistas. La división y la confrontación a navajazo limpio (Juan Ignacio Zavala dixit) parecen inevitables.
Ya por lo pronto se puede ir aventurando: Anaya será el villano de la película azul que puede terminar en tragedia.
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