José Cacho
Morelia, Michoacán.- Se vive todo un microuniverso dentro de los eventos del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en el primer cuadro de la capital michoacana.
Hoy domingo en las principales calles de la ciudad se puede apreciar a un sin fin de personas que han arribado para participar o apreciar uno de los festivales más importantes de México.
El punto neurálgico donde todo converge es la placita de Las Rosas, donde en sus diversos cafés se aprecia la gente relacionada al séptimo arte disfrutar del entorno y platicar entre ellos.
A un costado en el recinto de Cinépolis, se aprecia toda una “marabunta” de personas, entre las que destaca la presencia de Cuahutemoc Cárdenas, organizador del Festival quien plática y felicita a Diego Herrera, integrante del grupo Caifanes y Jaguares por su participación en el Festival.
Afuera del inmueble se mueven espectadores, parte del staff y gente relacionada al medio, otros más descansan como admiran todo lo que sucede en la alfombra roja a un costado del jardín de la tesorería de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).
En este lugar aguarda Daniela Michel, parte también de los organizadores del FICM, pars empezar la presentación del libro “Cacaro” en la cuál a través de la ilustración se representa parte de la filmografía nacional en el teatro Rubén Romero de la UMSNH.
Ahí nos encontrariamos con dos turistas provenientes del Estado de México, Areli Fragoso y Victor Vargas, quienes comentaron estar enamorados de la ciudad de la Cantera Rosa en su primera vez por Michoacán y en el festival; anteriormente ellos nos habían reconocido por cubrir las inauguración del festival, en la cuál estuvieron fascinados de vivir el color del evento.
Salimos rumbo a los portales, mientras de nuevo Cuahutemoc Cárdenas platicaba con otras personas relacionadas al festival a un lado del recinto cinematográfico, mientras quedaba atrás una atmósfera con aroma a cigarro y palomitas de maíz con mantequilla.
En los portales se camuflageán todos aquellos que vinieron al festival, a no ser de su acreditación colgada al cuello, pueden pasar desapercibidos por la multitud, en unos portales abarrotados por quienes vienen a disfrutar de un café, cerveza o degustar de la gastronomía del primer cuadro.









