¿La “lucha” por alrededor de 700 lugares en la UMSNH justifica su paralización y violencia en el campus? El sector más ordinario de la izquierda radical dirá que sí y hasta podrá encumbrar como “jóvenes revolucionarios” a los trogloditas que esta madrugada volvieron a cerrar las puertas de todo el complejo de Ciudad Universitaria.
Lo cierto, sin embargo, es que se trata de una “toma” en la que sus protagonistas carecen de banderas y de un pliego petitorio entendible y atendible. No es percepción; es realidad, y los manipuladores de los hechos y de las necesidades de la población tienen en la mira otros objetivos, otros fines.
¿La Universidad y los miles y miles de verdaderos estudiantes, académicos e investigadores, sólo son rehenes? ¿Cuáles son los objetivos de esos grupos desestabilizadores? Difícil saberlos con precisión, en tanto no dan la cara y se escudan con el tema de los rechazados y la supuesta defensa de la “educación popular, socialista” y quién sabe que otros demonios.
Queda claro, sí, que al irrumpir con violencia en el campus y desalojar al personal universitario -incluso de las oficinas de la Rectoría-, se trata de grupos organizados y adiestrados para perpetrar hechos de violencia y enfrentar, de ser necesario, a la fuerza pública. Su modus operandi no deja lugar a las dudas: se trata de grupos de choque, organizados -la provocación es su táctica- y de tendencia subversiva.
¿Qué sigue? Son estos, días aciagos para la universidad. Los violentos y los provocadores cierran, lastimosa y peligrosamente, las puertas al diálogo y a la posibilidad del acuerdo.
Hay quienes afirman que la tolerancia no tiene límites. Tal vez. Sin embargo, deben ya ponerse límites a los intolerantes y a quienes desde la provocación, la estulticia y la confrontación pretenden convertirse en poderes de facto.
Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx
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