FOTO: ACG

De cambios y cultura

Por Alejandro Báez

El fin de semana de 14 al 16 de octubre, el gobierno de Silvano Aureoles Conejo dio sus primeros cambios en el gabinete estatal. Algunos ya estaban anunciadísimos; otros, sorprendieron y los menos, fueron inesperados. Ocho cambios en igual número de dependencias estatales.

Los cambios quedaron de la siguiente manera:

  • En la Secretaría Particular del Despacho del Gobernador sale Marco Aurelio Nava y entra Miguel Alonso Olamendi
  • En la Secretaría de Desarrollo Rural y Agroalimentario sale Israel Tentory García y entra Francisco Huerco Maurín
  • En la Secretaría Salud sale Carlos Aranza Doniz y entra Silvia Hernández Capi
  • En la Secretaría de los Pueblos Indígenas sale Ángel Alonso Molina y entra Martín García Avilés
  • En la Secretaría de Turismo, el cambio más enunciado y esperado por muchos, sale Liliana López Buenrostro y entra Claudia Chávez López
  • En la Secretaría de Seguridad Pública sale José Antonio Bernal y entra Juan Bernardo Corona
  • En la Secretaría de Educación Pública sale Silvia Figueroa Zamudio y entra Alberto Frutis Solis y
  • En la Secretaría de Cultura se va Salvador Ginori Lozano y entra Silvia Figueroa Zamudio

La ahora ex secretaria de Educación y ex rectora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo es la única de los remplazos que sigue en la palestra del poder. Solo ella fue removida. A los otros se les dio las gracias y se fueron. Unos con más pena que gloria pero todos se fueron del ejercicio público estatal.

Todos los cambios obedecen a una necesidad de trabajo, de resultados y de acciones que no han sido las más exactas, o de un perfil que no dio el ancho frente a un escritorio burocrático.

Tal es el caso de la Secretaría de Cultura (Secum) en donde el remplazo se esperaba desde que Salvador Ginori Lozano fue puesto al frente, hace un año, al tomar posesión Silvano Aureoles como gobernador.

Igual que otras secretarías de gobierno, la de Cultura está plaga de burocratismo, trabajo acumulado, papeleo innecesario, promesas, acuerdos que medio se cumplen y deudas.

Según declaraciones del propio Salvador Ginori el presupuesto de la Secum para 2016 fue de 281 millones de pesos, pero más de 80 millones de pesos son de proyectos etiquetados por la federación, los cuales no ejerce la Secretaría de Cultura. Aclaró que del total del recurso, gran parte se utiliza para pagar la nómina, así como para el mantenimiento de instalaciones y la compra de equipo, por lo que para el capítulo 4, en el que se refiere a la inversión cultural, la dependencia solamente cuenta con 24 millones de pesos.

Por eso, la promoción a la lectura o los programas de educación artística se han visto afectados o pospuestos o no les pagan a los artistas y promotores que apoyan este tipo de actividades.

La Secum le debe un dineral a diferentes colectivos artísticos a quienes les prometen un estipendio por talleres o cursos o coloquios o diferentes eventos; se firma un contrato con ellos, se les pide expedir facturación por aquello de los impuestos y después, con una mano en la cintura, da largas y largas y no paga, alegando que los documentos aprobados para la realización de los eventos no coincide con lo realizado y por lo tanto, los cheques no salen y no hay para cuándo salgan por el exceso de tramitología y por el mal manejo de recursos de la Secretaría de Cultura.

Burocratismo absoluto y jineteo del dinero en grado de cinismo.

Pero a Salvador Ginori Lozano no le parece importar. Todo el tiempo que estuvo al frente de la Secretaría de Cultura fue polémico.

Cuando su nombramiento fue anunciado, la comunidad cultural y artística de Michoacán se dividió. Los artistas en nómina y los subvencionados eternamente por la Secum aplaudieron su nominación pues vieron en Ginori Lozano una continuidad de sus cobros por nada. Los colectivos que trabajan de forma independiente pero que necesitan la infraestructura de la Secum para sus eventos lo cuestionaron por su trayectoria artística limitada siempre a un escritorio, ajeno a la acción y gestión cultural real.

Al final, los pobres resultados de la Secretaría de Cultura están a la vista: fue Salvador Ginori Lozano quien avaló que el Congreso del Estado le diera a Los Hermanos Jiménez y su Arpa la presea Melchor Ocampo a pesar de ser exponentes de narcocorridos y dedicarse a cantarle loas a narcotraficantes como a El Chapo Guzmán y secuaces. Ante la polémica, Ginori salió a la defensa institucional diciendo que el narcocorrido es cultura popular. Jamás un argumento sobre la calidad o no calidad musical del grupo que, a decir de musicólogos expertos, es limitada.

El año pasado, la Feria del Libro Juvenil e Infantil de Michoacán fue un fracaso por la mala difusión y planeación del evento. Los libreros se quejaron duramente con Ginori Lozano pues no hubo la afluencia de gente prometida y no vendieron nada y amenazaron con boicotear la emisión de este año. En la misma feria, a algunos de los invitados apenas se les pagó su traslado en autobús y una noche de hostal mientras que a otros, amigos del propio secretario, se les trajo en avión, se les hospedó en los mejores hoteles de Morelia y sus viáticos incluían comidas en los más caros restoranes de la ciudad. Puro gasto discrecional.

Otro ejemplo fue la Feria Infantil y Juvenil del Libro en Tacámbaro, en marzo de este año. La Secum apoyó hasta el último momento, cuando se dio cuenta de que Mireya Aguilar González, regidora por Morena, ya se había hecho cargo de toda la organización y tenía a todo un grupo de artistas, promotores y talleristas dispuestos a trabajar por un proyecto. En las vísperas de la inauguración de la Feria del Libro, la Secum hizo acto de presencia, con tal de salir en los carteles, en el boletín y en las fotos.

Pero el mismo Salvador Ginori, en reuniones con colectivos artísticos, les pedía solidaridad y compromiso, además de paciencia en lo que caía el recurso necesaria. Pero los ponía a trabajar de a gratis.

Se fue Salvador Ginori Lozano de la Secretaría de Cultura por incompetente, al igual que otros secretarios. Ahora llega la ex secretaria de Educación Pública, Silvia Figueroa Zamudio, quien no pudo con paros y marchas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y de los normalistas. A ver cómo le va como promotora de la cultura estatal, sobre todo porque en su paso como rectora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo la crisis económica de la máxima casa de estudios estatal se agravó hasta niveles inmanejables.

El caso es que la cultura del estado de Michoacán queda siempre en la picota y en la polémica.

Pero esto es tan solo mi opinión.


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