Los tenebrosos índices de rendimiento educativo en Michoacán tienen varias aristas. Algunas de ellas identificables: los sindicatos, los aspirantes que quieren estudiar sin estar mínimamente calificados, los maestros que no son maestros, la débil o francamente inexistente fiscalización a instituciones fantasmas o que no cumplen parámetros básicos de calidad… La lista de factores es larga y un análisis riguroso podría llevar horas.

Pero hay también factores más subjetivos y por tanto más difíciles de analizar, y eventualmente resolver. Factores como, por ejemplo, el nulo nivel de exigencia a la cual los maestros someten a los alumnos; factores como en nulo nivel de autoexigencia al cual se someten los propios alumnos.

En las últimas horas llegó a nuestra redacción, por causas que no son relevantes, una tesis de para obtener el título de Licenciatura en Pedagogía. Se trata de un ejemplo aleatorio, como puede haber miles en Michoacán. No es importante mencionar aquí el nombre del alumno, de la maestra que funge como su asesora o de la institución en donde esto sucede; no se trata de apuntar a nadie, sino de analizar un ejemplo concreto de la mala educación en Michoacán.

La tesis tiene páginas completas copiadas de Wikipedia. El estudiante confunde el universo con la muestra. El estudiante considera relevante para su investigación poner el lugar en donde se ubican los estacionamientos del plantel en donde transcurre. Ni hablar de la ortografía, la redacción o la coherencia de las ideas.

Y así, entre otras joyas.

Se trata de carencias formales graves, que harían reprobar a cualquier estudiante en cualquier examen de primer año de Metodología.

Pero el problema también es su asesora, quien tiene el grado de Maestría y un cargo en la Secretaría de educación en Michoacán. En lugar de rechazar la tesis y ordenar rehacer por completo las líneas cortadas y pegadas íntegramente, recomienda eliminar el color azul que siempre se traspasa a un archivo Word cuando se copian enlaces de Wikipedia. También ordena corregir ortografía, pide media cuartilla para justificar el tema de investigación, sugiere mejorar la respuesta a la pregunta de investigación, exige quitar algunos apellidos y las negritas a una cita larga y, finalmente, recomienda respetar el formato de tesis estilo Chicago.

Y no hay más. Esas son las siete correcciones a una tesis de 89 páginas, básicamente escrita de cualquier forma.

Según la Unesco, el rol del profesor en la educación formal requiere varias aptitudes, entre ellas la noción de calidad, la ética profesional y la libertad profesional. Aquí se incumplen, al menos, las dos primeras. Se trata directamente de un alumno mal preparado, con carencias estructurales de aprendizaje, al cual los estamentos encargados no guían y que seguramente pasará a engrosar las filas de los miles de maestros mal educados, mal preparados y mal evaluados que laceran al estado de Michoacán. Y a consolidar el círculo vicioso.

El asunto es complejo, entre otras cosas porque entrarle a un tema de es magnitud sería cuestionar abiertamente la subjetividad –su formación, sus estudios, su propia visión de mundo– de los propios maestros o maestras ya no como educadores, sino como sujetos.  Pero, mientras tanto, urge atacar otra de las patas de la mesa rota que es la educación estatal: los colegios, universidades e institutos patito que regalan títulos a mansalva a cambio de dinero. El problema es que no hay, en Michoacán, un ente confiable que lo haga. Una tragedia perfecta.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí