Lo dijo Robert De Niro: “Me enoja que este país haya llegado al punto en el que este tonto (Donald Trump), este payaso, haya terminado donde está. Él habla de cómo quiere golpear a las personas en la cara… Bueno, ¡a mí me gustaría pegarle en la cara!, ¿éste es alguien que queremos como presidente? No lo creo. Lo que me importa es la dirección de este país y lo que me preocupa de verdad es que pueda irse en la dirección equivocada con alguien como Donald Trump…”
La voz del experimentado actor pone el acento en las claves que a todos en el mundo deben enojarnos y preocuparnos: ¿cómo  personajes de la calaña de Trump se están encumbrando en la política y en los gobiernos nacionales y subnacionales?
En la nación más poderosa del orbe, ahí tenemos las consecuencias. El peligro de que un millonario con la psique de un violador y proxeneta llegue a la Casa Blanca es real, y los peligros para la paz mundial, enormes. Hillary Clinton alertó en el primer debate: alguien que se pone nervioso con un tuit no puede tener acceso a los códigos nucleares… Mucho menos alguien que se ufana de acosar a una mujer “persiguiéndola como a una perra”.
Pues ese es Trump, cuya sola presencia lo ha ensuciado todo, convirtiendo el proceso electoral estadounidense en un lodazal, un escandaloso berenjenal que, en el caso de México, nos ha pegado y por partida doble.
Y como no quiere renunciar, a pesar de las presiones, exigencias y reniegos de los más conspicuos e influyentes liderazgos del Partido Republicano, llegó al segundo debate con la señora Clinton, ahora en la Universidad de Washington en San Luis Missouri.
Bajo la modalidad del town hall, en el que participaron con sus preguntas ciudadanos indecisos escogidos por una empresa encuestadora y dos moderadores (de las cadenas CNN y ABC), fueron noventa minutos de ataques, descalificaciones e insultos.
Por ahí asomaron pinceladas de la ex secretaria de Estado en materia de política exterior y económicas, pero nada que pudiera trascender; de su rival republicano, la pura diatriba y la amenaza, que de amenazas ha construido toda su campaña: “te voy a meter a la cárcel”, le dijo a Clinton en referencia a los  correos electrónico que borró sobre su actuación en Libia cuando era secretaria de Estado.
O sea, la mera verdad, nada que conmueva, nada que ofrecer de ninguno de los dos aspirantes a la presidencia de Estados Unidos.
Grave, muy grave, que el debate entre ellos se centre en temas como el acoso y la violacion sexual (de lo que Trump acusa al expresidente Bill Clinton), las barbaridades del magnate inmobiliario y su mendacidad. !Que horror!
Un lodazal, pues, que como dice De Niro, enoja, preocupa. ¿Qué queda? Esperar que pierda Trump el 8 de noviembre. Y no porque las políticas que ha expuesto Clinton puedan ser vistas como la panacea, sino porque lo dicho por el soez republicano invoca catástrofes.
Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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