FOTO: ACG

La reunión de ayer entre las autoridades de la Universidad Michoacana y líderes de la CUL fue una aplicación práctica del viejo adagio de Jonathan Swift: la política es el arte de la mentira.

“La política es el arte de hacer creer al pueblo falsedades que persiguen un buen fin”, dijo en su tiempo el escritor irlandés. “Lo de ustedes es una motivación política, perversa, engañando (al pueblo) bajo una causa noble” les dijo el rector Medardo Serna ayer, en su cara, a los rijosos. Seguramente Medardo Serna es un buen conocedor de los clásicos de la política.

Para clarificar: las mentiras vinieron de un solo lado, de la CUL. En cambio, Serna ayer dijo varias verdades, entre ellas una de esas cosas que todos saben pero nadie dice. Esta vez el rector sí lo dijo.

“¡Saquen las manos de la universidad! Los que están detrás de este movimiento tienen motivaciones perversas que sólo atienden a los intereses de unos cuántos. No vamos a ceder a sus chantajes”, afirmó Serna en referencia a los que están detrás de la CUL, a los chantajistas que viven de la carroña.

Pero en este juego de intereses espurios, esos carroñeros saben lo que están haciendo. Desde que convencen para su causa a muchachos con evidentes carencias estructurales de lenguaje y formación, muchachos pobres, muchachos que tienen pocas posibilidades de cuestionar lo que les ordenen, lo saben muy bien.

Ayer mismo sabían muy bien lo que hacían. Con toda claridad la orden a los alumnos fue: “Mantengan la toma”. Y los muchachos, dóciles y manejables, eso hicieron. Fue una jugada audaz de los chantajistas: provocar al rector, atacar sus capacidades, cuestionar la propia dignidad de su cargo, hasta obligarlo a retirarse. Así fue. Previsiblemente Serna, ni nadie, aceptaría tales desplantes. Y ahora la CUL –es decir, los chantajistas que hay detrás– podrán decir: “lo intentamos, tratamos de conversar, pero el rector no quiso”.

Es un juego complicado para Serna, porque él, obligado por su cargo y por su propia formación, difícilmente caería en la mentira y el engaño para resolver este entuerto. Pero su contraparte, más cerca de la carroña por método, sí lo hace. Y por lo mismo tiene la ventaja.

Los integrantes de la CUL apenas son la herramienta al servicio de los intereses de los chantajistas que los manejan. En el caso de los de la CUL se trata, directamente, de personas con evidentes limitaciones intelectuales, que ven en el chantaje a la Universidad la única manera de configurar un futuro más o menos pasable; se trata de personas que de ninguna otra manera destacarán en algo.

Pero los chantajistas, los carroñeros, los voraces, los que están detrás, lo saben y se abalanzan sobre ellos. Y es a esos chantajistas a quienes hay que apuntar. “Las mentiras hay que evitarlas con la verdad, desenmascararlas con la verdad y aniquilarlas con la verdad” decía San Agustín, en un adagio que aplica perfectamente en este caso. Esa contraparte, la carroña chantajista, tiene nombres propios plenamente identificados y vigentes; es la hora de exhibir a los chantajistas y carroñeros que están detrás de la CUL.

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