CASAS DE ESTUDIANTES NICOLAÍTAS
Hay una maraña, una mengambrea en torno a las Casas de Estudiantes que tiene la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y que, periódicamente se convierte en una papa caliente que explota en las manos del rector en turno y del gobernador del momento.
Tenemos que repensar a las Casas de Estudiantes desde diversos aspectos, tanto el educativo como el social como el económico como el histórico para poder tomar un partido y emitir un juicio a favor o en contra de este tipo de instituciones que dependen del presupuesto universitario.
Recordemos que las Casas de Estudiantes en Michoacán son pioneras en su tipo y casi únicas sobrevivientes en la geografía nacional. Dan cobijo, alimentos y servicios a los estudiantes de bajos recursos que llegan a la capital michoacana de sus comunidades para tener acceso a la educación universitaria.
El problema es que periódicamente, desde 1982, la Coordinadora de Universitarios en Lucha (CUL) reclama derechos para su agremiados y apoya causas que van más allá de la jurisdicción específica de una casa de estudiantes como la reivindicación de diversos reclamos de agrupaciones populares, la liberación de presos políticos o la creación de más espacios dentro de la Universidad Michoacana, en solidaridad con los alumnos rechazados…, además de más recursos financieros para la manutención de las diferentes Casas de Estudiantes nicolaítas.
Este ir y venir del carajo, como flujo y reflujo gástrico, polariza la visión en torno a la viabilidad de las Casas de Estudiantes. Fundamentalmente existen tres posturas, divergentes en su devenir.
Una voz, la más conservadora y extremista, apela a la desaparición de las Casas de Estudiantes. Este argumento lo sostiene, entre otros, el dirigente estatal del Partido Acción Nacional, José Manuel Hinojosa, quien asegura categórico que tanto las Casas de Estudiantes como las Escuelas Normales “funcionan para crear puro malandrín”, por lo que es categórico en exigir a las autoridades mano dura, desalojar a los rechazados que tienen tomada las instalaciones de la UMSNH desde hace mes y medio y eliminar los cotos de poder de porros al servicio del PRI o del PRD en la universidad.
Otra voz, en el otro lado de la balanza está el discurso de la propia CUL, quienes resumen su pliego petitorio en seis puntos, a saber:
1. Que no sea un organismo foráneo de la Universidad, como lo es Ceneval, el organismo de ingreso a la UM, sino que sean los mismos catedráticos de nuestra máxima casa de estudios quienes elaboren, apliquen y califiquen el mismo examen, toda vez que eso beneficia el mismo ingreso y el nivel educativo de las facultades.
2. Que en coordinación con el Gobierno del Estado, de la Secretaría de Salud y los medios que mejor convengan, se haga un sondeo sobre los campos clínicos existentes en la ciudad de Morelia, así como en los alrededores de la capital michoacana y en el mismo estado, toda vez que la finalidad es saber en dónde existe la capacidad para que los alumnos correspondientes, a través de la salud de la UM puedan llevar a cabo las prácticas que beneficien un mejor aprendizaje, proponiendo se solicite la información necesaria a las dependencias ya mencionadas a la brevedad posible.
3. Toda vez que las listas de los jóvenes que integran el Movimiento de Aspirantes y Rechazados ya han sido entregadas, solicitan que esos jóvenes sean favorecidos en el ingreso a las aulas de las diferentes facultades de su elección, ya que se pretende asegurar su ingreso y permanencia en la Máxima Casa de Estudios.
4. Que el trámite para todos los rechazados de la primera convocatoria no tenga costo alguno en esta segunda.
5. Que la convocatoria sea sólo para la Comisión del Movimiento.
6. Que los jóvenes que ya fueron rechazados en la primera convocatoria entren directo en esta posible segunda convocatoria.
Estos puntos son lo que ha tenido paralizada y tomadas las actividades e instalaciones de la Universidad Michoacana desde el 29 de agosto de 2016.
El tercer punto, representado por el rector de la Michoacana, Medardo Serna González, y el Consejo Universitario, busca una negociación y una reestructuración de fondo de las Casas de Estudiantes para que se conviertan en polos de generación de oportunidades educativas, y no de carácter político.
La historia de las Casas de Estudiantes lleva un siglo. Fundadas en 1915, en pleno auge de la Revolución Mexicana, han sido cerradas, abiertas, fundadas, refundadas en numerosas ocasiones, siempre bajo los argumentos de causar problemas sociales y no ser una solución verdadera para el estudiante pobre.
En tiempos recientes, cuando Fausto Vallejo era gobernador del estado y Salvador Jara Guerrero aún rector de la Universidad, algunas de las Casas de Estudiantes fueron desalojadas por la policía y sus integrantes arrestados. Al final, después de una inmensa y larga resistencia que acabó dividiendo a la CUL, los universitarios fueron liberados.
Es una historia de 100 años de crisis, anarquía, negociaciones, gobiernos represores, gobiernos compasivos, de estudiantes de izquierda, rectorías anodinas, rectorías solidarias, calles tomadas y mucho impacto social, tanto a favor como en contra.
Ayer, miércoles 5 de octubre de 2016, en una mesa de tres horas de negociación entre la Rectoría y los representantes estudiantiles, la bomba estalló. Gabriel Chamú Bernal, morador y dirigente de la casa “Lucio Cabañas”, también miembro de la CUL, encaró al rector Medardo Serna González, señalándolo como incompetente para el puesto y exigiéndole su renuncia para dar paso a alguien más.
El rector nicolaíta fue categórico
“Está aflorando de manera pública, en esta sesión, cuál es una de las motivaciones de esta toma, y es una motivación de carácter político; Gabriel está solicitando la destitución de un servidor como rector. Esa es una motivación política, no es un derecho a la educación” (ver la nota completa en Primera Plana Noticias).
Dicho lo cual, se levantó de la mesa, cancelando la negociación de ese día, entre vítores del Consejo Universitario, quienes entonaron la porra universitaria como remate poético a las palabras del rector.
Más allá de posturas radicalizadas o conciliadoras de tiros y troyanos, una verdad es evidente: las Casas de Estudiantes se han convertido en un semillero de personas que, bajo el discurso de su pobreza –lo que es innegable–, de su derecho a la educación –que es inalienable–, de sus conquistas sociales –que es una verdad indiscutible— se han levantado, cual David contra Goliat, en contra de la mano que les cobija y les educa.
Si las Casas de los Estudiantes son un bien inmueble y un servicio que proporciona la Universidad Michoacana a sus estudiantes, que sea la misma Universidad quien tome cartas en el asunto y gobierne y administre estas instalaciones, muchas de ellas, patrimonio de Morelia.
Si la Universidad va a delegar su administración a los estudiantes, como sucede en muchas otras partes del mundo, que sean estos quienes velen por sus recursos de supervivencia. El autogobierno que mantienen las Casas de Estudiantes y el presupuesto emanado de la Universidad para su sustento es un sinsentido y una contradicción.
Lo que las Casas de Estudiantes necesitan es una reforma de fondo donde se asuman los costos políticos, sociales y educativos con seriedad pero también con responsabilidad. No se vale, por parte de los residentes de estas casas, estar en contra de la Universidad y sus políticas pero que vayan a estirar la mano para exigir su estipendio.
Son, en efecto, un logro social que vale la pena reconocer. Pero a cien años de conflictos históricos y a casi 40 días de estar tomada la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, lo que hay que considerar es la viabilidad de estas en aras de un verdadero proyecto universitario con miras a estar a la altura del Siglo XXI. No podemos seguir esgrimiendo argumentos de hace 50 años.
Como dice el refrán popular, zapatero a tus zapatos. A la universidad se va a formarse profesionalmente de forma crítica, responsable, con miras sociales y ética: no a buscar la manera de obtener todo gratis, fácil, digerido y en la boca, merced los paros, las tomas y las eternas mesas de negociación. Hasta para político se debería de estudiar.
Pero esto es tan solo mi opinión.







