EL SIERVO DE LA NACIÓN
El viernes 30 de septiembre de 2016, la ciudad de Morelia se viste de gala para celebrar el aniversario 251 del nacimiento del vallisoletano más célebre: José María Teclo Morelos Pavón y Pérez, el Caudillo del Sur, el Siervo de la Nación, el artífice de la primera constitución americana, el autor de Los Sentimientos de la Nación, la figura que se muestra en los billetes de 50 pesos.
No es momento de hacer una elegía a la figura de Morelos. Esa, cada año, desde hace años, los diferentes gobiernos en turno se la hacen. Y con desfile tradicional que paraliza la capital de Michoacán, poemas, discursos; antes, carros alegóricos… En fin toda la parafernalia que la historia oficial y el sistema de héroes de bronce permite y propone para recordar al cura de Carácuaro.
Mejor hagamos un ejercicio de imaginación, un ejercicio de desmitificación ante la figura de Morelos. Preguntémonos, desde la posibilidad de la imposibilidad y la capacidad crítica actual, si José María Morelos y Pavón viviera hoy en día, aquí en su Valladolid, renombrada por él como Morelia, cómo sería, qué haría, a qué bando pertenecería, qué ideología sostendría, en qué partido militaría, a favor de qué o en contra de qué marcharía… ¿Cómo sería Morelos en pleno siglo XXI?
No podemos olvidar que Morelos era un sacerdote, miembro activo de la iglesia católica de su época. ¿Hubiera marchado y apoyado a Frente Nacional por la Familia y apoyado la familia tradicional? Recordemos que aunque tenía la investidura eclesiástica, tuvo por lo menos tres hijos con diferentes mujeres; a uno de ello, Juan Nepomuceno Almonte, lo mandó a los Estados Unidos a estudiar y este regresó convertido en todo un conservador ya que apoyó la presencia de los franceses en territorio nacional y fue de los negociadores para que se gestara el imperio de Maximiliano I de México.
A pesar de su condición de religioso y de ser un conservador por este hecho, la figura de Morelos es más grande y liberal por el proyecto de construcción de nación que tuvo en sus años de actividad independentista.
No creo que apoyara el discurso curial moderno. En su momento se le puso al tú por tú al obispo de México, al de Puebla y al de Michoacán, Manuel Abad y Queipo, quien era su amigo y mentor, por tradicionalistas y por apoyar el discurso conservador hispánico. La iglesia, como siempre, buscó la forma de humillarlo. Lo consiguió cuando lo arrestaron y la Inquisición lo enjuició, degradándolo de su condición sacerdotal y entregándolo a la justicia militar virreinal para que lo ejecutaran.
Morelos, hoy en día, creo, estaría del lado de las voces del padre Alejandro Solalinde y del obispo Raúl Vera hablando desde los pobres y los marginados en defensa de sus derechos humanos y siendo parte activa de la Teología de la Liberación.
Además de su ser sacerdotal, Morelos fue un hombre político, un gran legislador como queda evidenciado en su participación en el Congreso de Anáhuac, en la redacción de Los Sentimientos de la Nación y en el Constituyente de Apatzingán, aunque después se retractara alegando que la constitución de 1814 era muy mala por impracticable.
Hubiera sido un magnífico diputado; pero, ¿de qué partido? Seguro que el PRI lo hubiera buscado por su capacidad de generar instituciones de gobierno; el PAN lo hubiera buscado para derogar por lo menos los artículos 3, 24 y 130 de la Constitución de 1917 y así validar lo escrito por el mismo Morelos en el artículo segundo de Los Sentimientos de la Nación.
Los partidos de izquierda, como el PRD y Morena, seguro lo apoyarían por su lucha por los desfavorables y marginados del sistema; el partido Nueva Alianza lo convencería de que las reformas del PRI y del PAN son una expresión del conservadurismo burgués y que hay que hacer una revolución para que las reformas sean verdaderas expresiones del pueblo. Estos tres partidos, además, con toda certeza, hubieran puesto a las bases de sus propios organismos a las órdenes del Generalísimo para tener huestes dispuestos a poder tomar calles y plaza en grandes manifestaciones.
Y aunque Morelos siempre tuvo asesores y “brazos derechos”, como lo fueron los Galeana y Matamoros, tuvo enormes diferencias con los Bravo, especialmente con Nicolás, quien fue su aliado en un principio y después se convirtieron rivales políticos por sus diferencias de ideas y capacidades de liderazgo.
Por ello, yo pensaría que Morelos no pertenecería a ninguna organización política actual sino que se lanzaría a formar un nuevo partido político donde él fuera el caudillo y hacerles sombra a los protagonistas de la política mexicana.
Estoy seguro que desaprobaría la violencia en que Michoacán en general y Morelia, su “jardín de la Nueva España”, viven actualmente. Estaría cercano a los auténticos líderes populares, como José Manuel Mireles Valverde, a quien sacaría de la cárcel para activar una verdadera brigada de autodefensas que lucharan, desde la ley y sus comunidades, contra el narco y el crimen organizado.
No sé cómo manejaría las finanzas pero sí me queda claro que entendería que el pueblo no puede cargar con una erogación tributaria que lo deje sin capacidades para comer. Como lo dijo en Huetamo: “Cierto que pueblos enteros me siguen a la lucha por la independencia, pero les impido diciendo que es más poderosa su ayuda labrando la tierra para darnos el pan a los que luchamos”.
Si el pueblo, tanto el que vive en el campo como el que lucha para alcanzar los ideales, no tienen sustento digno, no hay lucha posible. Entiendo que José María Morelos y Pavón pensaba en un mundo donde todos cupiéramos dentro de la ley pero también en donde todos comiéramos con dignidad.
Morelos el líder, el legislador, el luchador, el revolucionario, el contradictorio, el conservador, el liberal, el transgresor de lo establecido, el soñador de una utopía si viera hoy en día y viera cómo está su estado, su ciudad y el país que ayudó a independizar, no lo creería. Volvería a montar su caballo y atravesaría cañadas, ríos, montes y valles tratando de concientizar que el sistema que tenemos es un sistema opresor.
Morelos volvería a estar en pie de lucha desde alguna trinchera moderna, pero siempre en lucha. Hasta la victoria siempre.
Pero esto es tan solo mi opinión.







