Foto: Región Uruapan
Algo no checa en el caso de las protestas y acciones de violencia que protagonizan supuestos estudiantes de las normales rurales de Michoacán. Insistimos: sus actos están muy lejos ya del discurso de la defensa de la educación popular; ¡vaya!, ni siquiera se ajustan a sus históricas demandas de las plazas automáticas y de mayores recursos para sus escuelas.
Ayer, por segundo día consecutivo, volvieron a incendiar vehículos particulares y camiones de empresas privadas (cuatro, para sumar nueve en 48 horas),  en tanto que mantienen retenido al director de Seguridad Pública del municipio de Chilchota, Alfredo Lucio Ríos Chávez. No ceden, por supuesto, cuando de enfrentar a los cuerpos policiacos se trata.
El martes, luego de la primera jornada de quema de automóviles y tráileres de esta semana y tras un enfrentamiento con elementos de la policía estatal, 48 normalistas fueron detenidos. ¿Cuántos más tendrían que ser aprehendidos, en el eventual tercer día de siniestros, bloqueos y enfrentamientos?
No, definitivamente no checa lo que está pasando. El martes, en protesta por la desaparición de los 43 jóvenes de la normal de Ayotzinapa, hace dos años, su forma de protesta fue la quema de vehículos. Un día después, las acciones se repitieron, ahora para exigir la liberación de 48 de los suyos detenidos en la víspera. El jefe policiaco de Chilchota está como rehén, bajo la custodia de unos 200 normalistas en la comunidad indígena de Turícuaro, municipio de Nahuatzen.
Lucio Ríos será liberado cuando los 48 sean puestos en libertad, sin cargos. Ellos tienen todavía 60 camiones y autos para incendiar; o sea, ¡tienen parque!, y si no, pues a robar otros.
¿Y sus banderas de lucha? No está claro ya cuáles son. Lo suyo y para lo que están preparados es para la confrontación, el choque directo con los cuerpos policiacos, sembrar el miedo entre los ciudadanos y organizarse en un solo bloque, con comuneros de la Meseta y la CNTE.
No, no checa. ¿Qué quieren de verdad? ¿De quiénes son las manos que mecen la cuna? ¿Quiénes los adiestran y capacitan en sus tácticas? ¿Quiénes los financian? ¿Qué se esconde tras los muros de esas escuelas, recintos, trincheras impenetrables?
Sin cuentos. Algo no checa. Y todo choca.
Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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