La nota sobre los rechazados en Medicina publicada ayer por este medio, elaborada por nuestra reportera Blanca Padilla, no tiene desperdicio. Los hechos, cifras y datos duros, como acertadamente concibió la autora, son elocuentes y debieran ahorrar comentarios. Conviene detenerse en ellos y repasarlos.
La directora de la facultad de Medicina, Silvia Hernández Capi, básicamente entregó razonamientos, algo que incomoda a las hordas de iletrados que mantienen secuestrada la institución. Afirmó, en síntesis, que no es posible dialogar con los integrantes del Movimiento de Aspirantes Rechazados porque sus propuestas “son muy difíciles de aceptar”.
Tiene razón la doctora. Pero peca, paradójicamente, de decencia. Las demandas de los rechazados son directamente una imbecilidad.
Veamos.
Si las facultades de Medicina aceptaran a los alumnos sin ningún filtro previo –es decir, entra el que quiera– Medicina se cierra. Punto. Sucede que las facultades de Medicina en el país responden a una norma oficial que obliga a respetar indicadores y parámetros: tantas camas en los hospitales, tantos alumnos en las facultades. No hay más.
En los hospitales Civil, Infantil y de la Mujer hay en total cerca de 360 camas. El de Charo tiene 280 camas, y el Vasco de Quiroga otras 200. Suman 840. Al sacar la cuenta de 5 camas por alumnos, que es la norma en Michoacán, resultan cupos para un máximo de 500 alumnos, distribuidos en los 5 años de carrera. ¿A quién no le cuadran las simples matemáticas?
Más preguntas. ¿Qué harán ahora los alumnos? ¿Se tomarán los hospitales para que pongan más camas?
“No se aceptará algo así”, dijo Hernández Capi. “Preferimos ver cerrada la Facultad a que la cierren por no cumplir con los parámetros de calidad”. Otra vez tiene razón. Es preferible cerrar que cometer el crimen de titular de médicos a analfabetos inadaptados. ¿Y qué harían si los dejaran entrar en masa a Medicina? ¿Secuestrarían a los profesores para negociar una titulación masiva?
Hay más. Los hechos recientes demuestran que los seudoaspirantes no tienen la capacidad de razonar mínimamente. Es acertado pensar que difícilmente la tendrán para adquirir conocimientos científicos que, por antonomasia, se fundan en el razonamiento. Las cifras avalan lo anterior. Hernández Capi recordó que la generación 2002- 2007 en Medicina fue de mil 900 alumnos, de los cuales muchos entraron por movimiento. De esa generación se titularon 720, y apenas 16 pasaron el examen nacional.
Los seudoaspirantes a estudiantes claramente no dan el ancho para acceder a una carrera así. Y no es discriminación negativa. Es deseable socialmente que los países ofrezcan métodos de acceso democráticos a la educación de calidad. Pero México, en donde la educación universitaria en la práctica es gratis, ya bastante hace en ese sentido. Lo demás es la carrera abierta al talento, y el que no lo tiene sencillamente perdió. No se puede obligar a nadie a transmitir talento por decreto. Hay que concordar en que los esquemas de enseñanza en los niveles inferiores pocas veces preparan a los alumnos y éstos, al egresar de prepratoria, carecen de habilidades de comprensión de lectura, expresión escrita y ciencias, entre otras cosas. Pero eso ya es un asunto estructural y difícilmente se resuelve extorsionando a la Facultad de Medicina de la Universidad Michoacana.
Al demostrar su ceguera, radicalidad, tozudez o franca estupidez, los rechazados dinamitan su propio futuro porque queda claro que no dan el ancho. Y eso es otra muestra de su incapacidad. A cualquier joven más o menos sensato, en cualquier lugar del mundo, pertenecer a un movimiento de rechazados debiera darle vergüenza.







