Históricamente, y no sólo en México, la intromisión de las iglesias y las religiones en los asuntos del Estado, han sido un error, que se termina pagando de la peor manera: la violencia, la división y el encono.
El error se magnifica cuando, como está ocurriendo ahora en nuestro país con el debate de las llamadas bodas gay, se confunde lo privado con lo público, las creencias religiosas con la salud y los derechos constitucionales y, lo que es todavía peor, el gobierno, las autoridades electorales y los partidos son omisos ante la clara injerencia de la Iglesia católica en los procesos electorales usando y abusando de la fe y lo que ellos llaman “la palabra de Dios” en contra de las instituciones y de los candidatos que no son de su agrado.
Faltan el respeto y violan la Constitución, se pasan por el arco del triunfo los principios de la laicidad y las resoluciones del poder Judicial y además se espantan ante los gritos, sombrerazos y exabruptos que surgen desde el clero.
Es el caso de los dirigentes del PRI, que abierta, mentirosa y torpemente han dicho que la Iglesia católica influyó en los resultados tan negativos que sus candidatos tuvieron en los comicios de junio pasado. Esconden en todo caso, las corruptelas, sus malos gobiernos y sus pésimas candidaturas en las sotanas de los jerarcas de la Iglesia, que ya envalentonados y engallados se aprestan a participar abiertamente y sin pudor en los comicios presidenciales del 2018, pasando -pisando- sobre los poderes de la Unión y las instituciones -incluyendo a los partidos y al INE- del Estado mexicano.
Es el caso también -aunque se quiera hacer a un lado- de Andrés Manuel Lopez Obrador su partido Morena, que muy juarista muy juarista no ha de ser, cuando es incapaz de articular una sola frase para pronunciarse, no a favor o en contra de los matrimonios gay, sino sobre la intromisión de las iglesias en los asuntos públicos y que son del Estado. En el imaginario de su granja, !vaya usted a saber como tenga clasificados a estos “menganos y zutanos”!
Es de esperarse una rectificación y, como ya decíamos aquí en otras entregas, que el Congreso de la Unión con sus votos restablezca el orden constitucional y la paz y la concordia que se están en poniendo en riesgo abriendo este nuevo frente. Los legisladores, insistimos, tienen la palabra para ponerle un freno a las iglesias.
No vaya a ser que cuando despierten, sea demasiado tarde.
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