Hoy se cumplen 31 años del fatídico terremoto de 1985, que alcanzó 8.1 grados y dejó, según las cifras que nunca cuadran del todo en México, un número estimado de 10 mil muertos. Las tres décadas de distancia han ido, de a poco, apagando el dolor del duelo por los fallecidos, pero no la angustia de los expertos que avizoran otra catástrofe de grandes proporciones si no se adoptan verdaderas medidas antisísmicas con todo el esfuerzo humano, técnico y financiero que eso implica.

Los movimientos telúricos no se pueden predecir, pero las medidas preventivas con frecuencia hacen la diferencia entre la vida y la muerte. En Chile y Japón, los dos países más sísmicos del mundo, las construcciones antisísmicas, rutas de escape y educación a la población son la norma; en el terremoto de 2010 en Chile, considerado el noveno más grande de la historia y que llegó incluso a cambiar el eje de rotación del planeta, los muertos no superaron los 600. Por contraste, tras el terremoto de Haití ese mismo año, de 7.0 grados, el gobierno anunció que se habían recogido y enterrado 150.000 cadáveres sólo en la capital.

Tras el trauma del 85, ¿es México, y específicamente Morelia, un lugar seguro para la población si se presentara otra situación de esas características?

“Tanto autoridades como constructores incumplen los requisitos de seguridad establecidos en el Reglamento de Construcciones de la capital del país”, aseguró en 2010 el investigador emérito del Instituto de Ingeniería de la UNAM, Roberto Meli Piralla, al portal El Informador. “En los últimos 10 ó 15 años la atención de los requisitos de seguridad estructural se ha debilitado, porque los profesionales de la construcción, las autoridades y la sociedad en general han perdido el miedo a las consecuencias que puede ocasionar un nuevo sismo”. Los reportes indican que en el último lustro la situación sólo ha empeorado.

Y en Michoacán las cosas no andan mejor.

Los investigadores José Manuel Jara Guerrero y Manuel Jara Díaz, profesores de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, abordaron el tema en un articulo para Saber Más, la revista de divulgación científica de la Universidad. Ahí destacan los esfuerzos considerables para mejorar el entendimiento de los fenómenos sísmicos, y advierten que, por ejemplo, al ocurrir un temblor no se mueve igual el terreno en Ciudad Universitaria que en la loma de Santa María (¿fatal advertencia?).

A la hora del diagnóstico, son claros: “desafortunadamente (en Morelia y Michoacán) existen y se siguen construyendo un gran número de estructuras en la ciudad, claramente identificadas en diversos lugares del mundo como sísmicamente deficientes, ante la aparente inobservancia de las autoridades”.

Según datos del Servicio Geológico Mexicano, el país se ubica en una de las regiones sísmicamente más activas del mundo, en el área conocida como el Cinturón Circumpacífico. Ahí se concentra la mayor actividad sísmica del planeta. Y Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Colima y Jalisco son los estados con mayor sismicidad en la República Mexicana.

Los datos son claros: Michoacán no está a salvo en caso de un sismo. Tarea pendiente.

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