Si las lecturas son claras, del primer Informe de Gobierno de Silvano Aureoles se puede desprender, primero, que se reforzarán las estrategias coordinadas contra la delincuencia en el estado, y segundo, que en el reordenamiento que se empezó en el sector educativo, los gobiernos estatal y federal serán poco menos que implacables para terminar con la sangría financiera que ha significado la cesión de la rectoría del sistema de plazas al sindicato, además de la urgencia reconocida de dar pasos firmes para mejorar la calidad de la enseñanza y la inversión en infraestructura.
Por lo demás, cualquier otro proyecto de gobierno, tanto en lo social como económico, pasa obligadamente por esas dos aduanas. Hubo claridad en ese sentido en el mensaje de este domingo de Aureoles a los michoacanos, pues no se puede pensar en superar este entorno de “calma frágil” que definió el mandatario, si no se ataca frontalmente a la delincuencia, la corrupción y la impunidad, y si no somos capaces de abatir los lastres que hoy tienen a Michoacán entre los peores niveles nacionales en aprovechamiento escolar.
En tales asignaturas, se podría concluir también del informe de Silvano, que la novedad es que no hay novedades: se mantiene firme el empeño y el compromiso de combatir esos dos flagelos que representan no sólo lacerantes riesgos para la estabilidad de la entidad, sino las mayores trabas para recuperar la buena imagen del estado y convertirlo en un polo competitivo para los sectores económicos.
Fue claro el titular del Ejecutivo estatal cuando advirtió que para deshacerse de esas pesadas cargas, herencia de administraciones pasadas -a las que volvió a criticar por su complicidad y permisividad en su trato con la CNTE y corrupción en el combate a la delincuencia-, no hay varitas mágicas, y que los cambios serán graduales, paulatinos; la gravedad de los problemas heredados hacen imposible pensar en la inmediatez.
Importante que lo haya dicho, reiterado en su primer Informe, porque a todos debe quedar claro que la crisis de inseguridad, violencia, corrupción y el caos que se formó en el sistema educativo local son de tal gravedad y magnitud que -y ya lo hemos dicho en este espacio-, requieren de tiempo y, como puntualizó ayer el gobernador, de compromiso permanente, cotidiano, sin “aflojar el paso”.
Otro mensaje que se desprende de este Primer Informe, es que se mantiene viva, en lo más alto de la relación política e institucional, la convicción del mandatario michoacano de seguir mano con mano, “codo a codo”, en más acciones coordinadas con el gobierno federal.
En esa relación no hay de parte del gobernador de Michoacán ningún reclamo, ningún reproche hacia el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Silvano cree en el gobierno federal y en Los Pinos confían en Silvano. Así, las estrategias que se sigan en los proyectos y programas claves para el estado, serán en esa ruta de la coordinación y la cooperación plena con el gabinete federal.
La conclusión, pues, del mensaje del gobernador es clara: no hay otra ruta que la consolidación del buen trato con la federación. Y en la lucha contra los principales males de la entidad, van juntos y sin condicionamientos. Las cargas heredadas son tan pesadas que hay que insistir en el intento.
En el modelo, pues, hay claridad. Y absoluto convencimiento. Se disiparon las dudas: Silvano se la va a jugar con la suya, la que le ha dado resultados. No habrá improvisaciones.
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