DE RECHIFLAS Y OTROS GRITOS

Escenas de futbol y ceremonias del Grito de Independencia, donde siempre hay un presidente de la república denostado y poco querido, una masa enardecida y una televisora dispuesta a maquillar la realidad nacional. Viñetas de nuestra historia reciente que son memorables y que tienen algunas coincidencias fundamentales. Usted, leal lector, concluya. Hoy, solo cuento…

  • Cuando fue la inauguración del estadio Azteca, el 26 de mayo de 1966, el presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó su helicóptero para llegar de Palacio Nacional al Coloso de Santa Úrsula en minutos. El regente de la ciudad de México, Ernesto P. Uruchurtu, lo convenció de que la calzada de Tlalpan, misma que conecta el centro de la capital con la zona sur, era la mejor vía, en virtud de su amplitud y modernidad.

Nadie contaba con que los capitalinos abarrotaran la milenaria calzada y el presidente de la república llegara 90 minutos tarde a la cita donde lo esperaban 95 mil 500 espectadores ávidos de ver el partido de futbol entre el Club América y el Torino.

Cuando Díaz Ordaz saltó a la cancha para dar su discurso y la patada inaugural, todo fue rechiflas y mentadas de madre. Nadie lo escuchó en el estadio.

A su lado estaba, entre otros personajes, Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa, quien ordenó de inmediato que en la transmisión televisiva se acallara la voz del pueblo para escuchar al presidente y le agregó al final, como en sus programas cómicos, aplausos.

  • Cinco meses después, Gustavo Díaz Ordaz, al dar el Grito de Independencia el 15 de septiembre de 1966, todos los congregados en el Zócalo lo recibieron otra vez con gritos, rechiflas y mentadas de madre. Habiendo aprendido la lección del estadio Azteca y temeroso de todo, el primer mandatario se había comunicado con Azcárraga Milmo para pedirle consejo técnico durante ese día. El dueño de Televisa, fiel como siempre al presidente en turno, lo tranquilizó.

Esa noche, en la transmisión especial por motivo de los 156 años de la Independencia, Jacobo Zabludovsky, adalid y vocero del sistema político nacional (ver https://alejandrobaez.wordpress.com/2015/07/06/claroscuros-del-periodismo-mexicano-jacobo-zabludovsky/) condujo con maestría la ceremonia desde la televisión y emocionado alabó las acciones del presidente Díaz Ordaz y celebró la fiesta donde el pueblo, congregado en el Zócalo, vitoreaba a los héroes que nos dieron patria.

En televisión, por cadena nacional, nadie escuchó jamás los insultos proferidos al presidente desde la plancha central. El pueblo estaba harto del PRI y de Gustavo Díaz Ordaz. Dos años después llegó su venganza con Tlatelolco.

  • Exactamente 20 años después, el 31 de mayo de 1986, el presidente Miguel de la Madrid arribó al estadio Azteca en punto de la hora que el protocolo indicaba para dar paso a la inauguración del Mundial México 86, con el partido entre Italia-Bulgaria, mismo que terminaría en empate a uno.

Al momento de que el audio del estadio anunció la presencia del presidente De la Madrid para dar su discurso, la casi totalidad de los presentes en el estadio, que había aumentado a 114 mil 600 espectadores, lo acallaron con rechiflas, gritos y mentadas de madre.

Esto provocó una sorpresiva e “inexplicable” falla en el sonido del estadio, por lo que nadie en el Coloso de Santa Úrsula escuchó al presidente. De todos modos, todo era una chifladera ensordecedora. La falla no evitó que el público cantara a voz en cuello y a capela el Himno Nacional.

Por supuesto, Televisa, fiel soldado del presidente de la república, al momento de empezar a escuchar la silbatina, cortó el audio directo del estadio para la transmisión y solo potencializó el discurso de Miguel de la Madrid. Por televisión todo se escuchó normal, tranquilo y bien.

Una vez más, estaba salvado el honor de la primera magistratura del país.

  • Durante la última ceremonia del Grito de De la Madrid, el 15 de septiembre de 1988, dos meses después de las elecciones donde se “cayó el sistema” y sorpresivamente Carlos Salinas de Gortari resultara presidente electo para el periodo 1988-1994, el Zócalo estaba pletórico de gente, como siempre, dispuesta a celebrar la verbena popular por las fiestas patrias.

Era una noche lluviosa pero la gente se mantenía unida, como dándose calor humano, esperando la ceremonia.

En punto de las once de la noche, cuando el sonido que cubría todos los flancos de la plaza principal, anunciaban el arribo del presidente, de su familia y de los invitados especiales a los balcones de Palacio Nacional, las personas se arrejuntaron, como para ver mejor.

Miguel de la Madrid salió al balcón presidencial y al momento de levantar la mano para saludar a la multitud, una sola voz se levantó desde el Zócalo: “¡Fraude!”. Impertérrito, De la Madrid Hurtado sonó la campana de Dolores y comenzó el Grito:

–¡Vivan los héroes que nos dieron patria! –gritó el presidente.

–¡Fraude! –contestaba el pueblo.

–¡Viva Miguel Hidalgo y Costilla! –se desgañitaba el primer mandatario.

–¡Fraude! –respondía el pueblo.

A cada héroe, a cada voz del presidente, el pueblo contestaba en coro un contundente “¡Fraude!”. El gesto se le dislocó a Miguel de la Madrid pero terminó el ceremonial. Al empezar los fuegos artificiales, el jefe del ejecutivo federal y su familia e invitados se devolvieron al interior de Palacio Nacional. No los admiraron. Las crónicas de la época, como las de Jaime Avilés, cuentan que tuvo diarrea, del coraje, y que no pudo disfrutar la cena ofrecida esa noche festiva.

Sin embargo, la transmisión televisiva, coordinada por el Estado Mayor Presidencial; por la Secretaría de Gobernación, encabezada por Manuel Bartlett Díaz, actual Senador por el Partido del Trabajo; por el Fernando Gutiérrez Barrios, encargado de la creación de la Dirección Federal de Seguridad en los 60 y 70 y pronto a ser nombrado Secretario de Gobernación por Salinas de Gortari; y por Emilio Azcárraga Milmo, dueño de Televisa y siempre aliada al sistema y fiel al presidente en turno, mostró otra realidad en cadena nacional.

A cada grito del presidente De la Madrid, una grabación perfectamente adecuada, ecualizada y ajustada, como en un guion, respondía con el consiguiente “¡Viva!” simulando el coro de los congregados en el Zócalo.

Y cuando llegó la pirotecnia, las cámaras apuntaron al cielo, para que los televidentes de todo el país disfrutaran del juego de luces, y no vieran cómo, de las puertas de Palacio Nacional, salían granaderos a vapulear a toletazos a los asistentes al Grito.

Una transmisión televisiva perfecta. El presidente, aclamado, celebrando; el pueblo vitoreando a los héroes independentistas. No solo el presidente cerró su sexenio con un grito pletórico sino que la represión gubernamental nunca se supo pues Televisa, obvio, no dijo nada y la prensa vendida, con honrosas excepciones, la calló.

  • El 14 de septiembre de 2016, a un día de la cuarta ceremonia del Grito de Independencia que preside Enrique Peña Nieto, su vocero Eduardo Sánchez Hernández anunció que en caso de que existan rechiflas al presidente de la república, habrá libertad absoluta en el Zócalo capitalino.

En el contexto de una aceptación bajísima hacia la investidura presidencial, con apenas el 22%, y con la amenaza de una marcha convocada para salir del Ángel de la Independencia con destino al Zócalo para boicotear el Grito, exigiendo la renuncia inmediata de Peña Nieto, Sánchez Hernández descartó un operativo extraordinario de seguridad por temor a las posibles protestas.

“El presidente Peña Nieto ha dado muestra de que hay una absoluta apertura para la crítica, y para cualquier tipo de expresión en ese sentido”, señaló en entrevista dada a Carlos Loret de Mola, en el programa de Despierta de Televisa.

Más allá de la apertura (¿usted la cree? Yo no), Televisa seguro que dispuso una transmisión donde veremos una ceremonia magnífica, donde se resaltará que, en un acto de republicanismo, en aras de los recortes presupuestales, Angélica Rivero, la esposa de Peña Nieto, repetirá el mismo vestido del año pasado; se exaltará el México maravilloso de las reformas de este sexenio, olvidando nombrar a los miles de muertos, a la inflación más alta del siglo, a los incrementos de los precios de miles de productos como la gasolina, la energía eléctrica o la devaluación del peso frente al dólar. Seguro se hablará de lo grande que es ser independiente cuando el petróleo y la minería fueron otorgadas para su explotación a manos extranjeras.

También seguro se nombrará a la paz que vive México, sin señalar los índices de violencia nacional, la lucha fracasada contra el crimen organizado o las confrontaciones con los maestros y estudiantes normalistas que tienen paralizada la educación en 4 estados.

No hará falta que el sonido del Zócalo sea, como siempre, eliminado para no escuchar en cadena nacional el clamor de un pueblo harto contra un presidente. Seguro en casa, usted también le chiflará a la pantalla cuando salga Enrique Peña Nieto.

México gritará, pero de dolor como todos los años, aunque la televisión insista en repetir el discurso del sistema de que vamos bien y creciendo.

Pero celebremos, si es que tenemos algo que conmemorar, este 15 y 16 de septiembre. Por lo menos, podemos gritar algo.

Pero esto es solo mi opinión.

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