Si nos atenemos a lo que ha sido el primer año de gobierno de Silvano Aureoles, a la percepción casi generalizada que permea en el llamado círculo rojo y a los comentarios que se escuchan en las calles, habremos de concluir que lo mejor del gabinete… ¡se encuentra en el gabinete federal!
Se entiende que así sea, si consideramos el contexto en el que se dio el arribo del político de Carácuaro a Casa de Gobierno; se entiende que así sea, si se revisan todos los frentes, desde el estrictamente político hasta, si se quiere, el de la psicología del colectivo de masas.
Ayer decíamos en este espacio que uno de los factores que han contribuido para que Aureoles mantenga aceptables niveles de aprobación ciudadana y de confianza entre los gobernados es precisamente la buena comunicación que tiene con el gobierno federal; y para nadie es un secreto que la constante presencia de secretarios del gabinete de Enrique Peña Nieto en la entidad genera altas expectativas sobre el futuro de las políticas públicas en Michoacán.
Esas expectativas que se perdieron durante el cuatrienio de Leonel Godoy, marcado por sus diferencias e incluso de abierta confrontación con el entonces presidente Felipe Calderón, y que no se recuperaron en el periodo de Fausto Vallejo, ya sea por sus ausencias obligadas por motivos de salud, ya sea por una situación de inseguridad y violencia que había rebasado no al gobierno estatal, hay que decirlo, sino al gobierno federal en su conjunto.
Enrique Peña y Silvano Aureoles marcaron el inicio de una nueva etapa en la relación Michoacán-federación, y así como el perredista nunca ha renegado -desde su etapa como diputado federal- del apoyo a las iniciativas del Ejecutivo federal, éste ha sabido llevar la lealtad política a niveles que son indicativos no solo de una buena coordinación política e institucional, sino de confianza personal.
Por eso decíamos al principio que, hasta ahora, lo mejor del equipo de trabajo del gobernador Aureoles, se encuentra en el gabinete federal, por lo menos en la expectativa y en el ánimo del colectivo social, en espera de que esa muy buena relación institucional redunde en obras de gran calado y acciones que encarrilen a Michoacán en la ruta del desarrollo, el crecimiento y la seguridad.
En cuanto al gabinete local, sin que sea un informe de gobierno una regla que obligue, si se antoja el momento oportuno para que Silvano haga un corte de caja -tiene encuestas y resultados en los que puede basarse- y revise lo que no ha funcionado o engranado dentro de su equipo de trabajo. Si es tiempo o no de evaluar a sus colaboradores, eso ya es una decisión que solo a él corresponde.
Quizás, sin embargo, por ser el que viene un año preelectoral y anticipándose a los escenarios que cambiarán con la definición de las candidaturas presidenciales, precisamente hacia finales del 17, acaso convendría reforzar áreas fundamentales, estratégicas para las batallas político-electorales que vienen.
Porque además tendrá encima a los aspirantes al Senado, a la Cámara de Diputados, al Congreso local, a las alcaldías… ¡ufff! Y con eso de que todos son tiradores…
Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx







