AMAR AL PRÓJIMO EN TIERRAS DE INTOLERANCIA

La fotografía es contundente por clara. Un grupo de madres de familia se congregan enfrente de la escuela primaria Gertrudis Armendáriz de Hidalgo, hoy llamada Lorenza Rosales, con un cartel en donde protestan contra el Presidente de la República por imponer la educación sexual en las escuelas.

La imagen no tendría nada de espectacular, en el contexto actual, si no fuera porque data de los años 30 del siglo pasado. La intolerancia, la ignorancia, la confrontación contra el avance, el discurso retrógrado y el conservadurismo son otros de los grandes males, junto a la corrupción, la falta de credibilidad legal y el vacío de poder, que México ha tenido que enfrentar desde siempre en su historia.

Por eso no es de sorprender que el pasado sábado 10 de septiembre, más de un millón de personas, según cifras publicadas por los diferentes diarios estatales y nacionales, en 125 ciudades del país se hayan manifestado en contra del matrimonio igualitario, las relaciones homoparentales y los derechos a la adopción de los homosexuales, como parte de las acciones del Frente Nacional por la Familia.

El sábado pasado fue la puerta para una jornada donde el discurso moralizante cristiano se confronta con la legalidad, los derechos humanos y la racionalidad. La marcha del sábado 10 y la del próximo sábado 24 de septiembre son la mecha que enciende, con nueva belicosidad, otra guerra cristera. Moral religiosa contra moral legal.

El discurso del Frente Nacional por la Familia, más allá de las movilizaciones y la generación de miles de reacciones virales y vitales en los medios y en las Redes Sociales, está plagado de grandes mentiras, medias verdades acomodadas, argumentos pseudo

científicos sin bases reales ni contundentes y, sobre todo, con un discurso absolutamente machista, genital y homofóbico.

Detrás el Frente Nacional por la Familia y de su vocero, el panista Rodrigo Iván Cortés Jiménez, hay una red de miles de organismos de extrema derecha, vinculados e interrelacionadas con la iglesia católica, la evangelista y la mormona, articulados desde las curias, la iniciativa privada y el Partido Acción Nacional.

Empresas como Bimbo, de la ultra conservadora familia Servitje, la Asociación Política Nacional de Desarrollo Humano Integra y Acción Ciudadana (DHIAC), una organización civil vinculada directamente con El Yunque, que es la extrema derecha panista, y otros organismos conforman esta red como lo demuestra el reportaje realizado por Gabriela Rivera, Jonathan Nácar y María Idalia Gómez y publicado el jueves 8 de septiembre en la revista digitalizada ejecentral (ver http://www.ejecentral.com.mx/resurge-la-derecha-religiosa/).

Sin embargo, dentro de la misma iglesia, hay voces disidentes. Raúl Vera López, obispo de Saltillo, en una entrevista publicada por el diario español El País es claro y enfático:

“Los que dicen que el homosexual es un enfermo, son los que están enfermos (…).La Iglesia tiene que acercarse a ellos no con condenas, sino con diálogo. No podemos anular toda la riqueza de una persona solamente por su preferencia sexual. Eso es enfermizo, eso es no tener corazón, es no tener sentido común (…). El matrimonio entre los homosexuales nos ha servido de subterfugio para decir que tenemos moral en la Iglesia. Pero no somos capaces de defender los derechos de los obreros (…). Somos unos hipócritas… Parecería que las únicas reglas morales fueran condenar a los matrimonios homosexuales, condenar a las abortistas. Y ya con eso, ya somos cristianos perfectos”. (ver http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/07/13/actualidad/1405281179_927346.html).

Y a esto se suman las voces de los rectores de la Universidad Iberoamericana, tanto del campus Puebla como del campus Ciudad de México, los sacerdotes jesuitas Fernando Fernández Font, S.J., y David Fernández Dávalos, S.J., quienes coinciden en señalar que los matrimonios igualitarios no le hacen daño a nadie, y que la iglesia católica debe de afrontar la nueva realidad y no negarla, pues su actitud anti gay es una actitud anti cristiana.

El mismo Jorge Mario Bergoglio, en su rol de sumo pontífice de los católicos ha expresado varias veces que la iglesia debe de pedirle perdón a la comunidad gay por el maltrato histórico así como respetar sus derechos civiles y religiosos (ver http://www.diariocristianoweb.com/2016/06/28/papa-dice-que-los-cristianos-deben-pedir-perdon-a-los-homosexuales/).

Total, el matrimonio civil no es un sacramento sino un contrato.

Entonces, ¿por qué la intolerancia del discurso? Por miedo. El miedo a la ruptura de lo preestablecido, el miedo a lo diferente, el miedo a la diversidad, el miedo a perder las canonjías de siempre, el miedo a aceptar que hay más verdades que la suya propia, el miedo a la transformación, el miedo a un nuevo discurso de inclusión, el miedo al otro diferente.

Miedo e ignorancia son una mezcla explosiva. La marcha y todos los marchistas y apoyadores de la causa defendida el sábado son ignorantes de sus propios argumentos. Solo porque lo dice el cura u obispo de su iglesia, lo repiten pero sin profundizar, sin explicar, sin argumentar. Y si se les cuestiona, se indignan. Dicen que es la imposición de una moral de las minorías, refiriéndose a la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, travesti, transgénero e intersexual (LGBTTTI), sobre el de las mayorías, en alusión a sí mismos. En su discurso no hay más argumento que el de ellos, aunque sea inconsistente o incongruente. Su única verdad es la verdad de su dogma. No hay ni puede haber otros paradigmas. Que la realidad se ajuste a ellos; jamás ellos a la realidad. Su fe enseña el amor al prójimo; ellos predican el odio como doctrina.

La jornada de este fin de semana, y las que vienen, todos desfilando vestidos de blanco, como el Ku Klux Klan, es, en principio, un nuevo campo de batalla que el Estado debe de enfrentar, como los que tiene ante el crimen organizado, las carteles de narcotraficantes, los disidentes de todo, la CNTE. México, como nunca antes, libra una guerra intestina en distintos frentes. La desgracia histórica actual es que el Estado siempre pierde sus batallas en virtud de su incapacidad.

¿Qué será de México? ¿Vivir en el oscurantismo y la barbarie o por fin, lograr la ansiada paz social que no hemos tenido en todo lo que va del siglo?

No lo sé. No tengo respuesta pero esto es tan solo mi opinión.

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