FOTO: Gustavo Vega

Silvano y el valor de la legitimidad 

Silvano Aureoles llega a su primer informe de gobierno con niveles de aceptación y aprobación ciudadana aceptables y por encima de la media del resto de los gobernadores del país. La mayoría de los sondeos conocidos lo ubican rondando los 60 puntos, es decir, seis de cada diez michoacanos -en promedio- lo respaldan. Nada mal en estos tiempos de estancamiento económico, crisis social, política  y de inseguridad.

Que el llamado bono democrático le haya alcanzado sin mayores problemas para cruzar sus primeros 12 meses al frente de la administración estatal se debe, primero, a su holgado triunfo en los comicios de junio del año pasado; ese factor le dio un margen de legitimidad y de maniobra política que muy pocos de sus homólogos hoy pueden presumir en el país.

Ganar con casi diez puntos de diferencia sobre el segundo lugar es, hoy en México, prácticamente un lujo. Y Silvano lo logró, lo que le significó, además, empezar su gestión sin mayores obstáculos políticos, con una oposición partidista prácticamente nulificada al entrar en un periodo de obligado reacomodo; paralelamente, el gobernador michoacano -como no había ocurrido con sus inmediatos antecesores en el cargo- contó desde su triunfo con la simpatía y el respaldo, sin regateos ni condicionamientos, del Gobierno Federal.

Esa comunicación y coordinación que en todo momento se presumió entre el Gobierno Federal y el estatal con el arribo de Silvano a Casa de Gobierno ha sido fundamental para el de Carácuaro. Esta realidad de sana convivencia y colaboración entre los niveles de gobierno pronto alcanzó patrones de percepción mayoritaria: la confianza de un Michoacán en la ruta del desarrollo y del crecimiento. Y por supuesto, más seguro.

Otro factor que ha permitido a Silvano mantener esos aceptables niveles de aprobación entre los michoacanos, es sin lugar a dudas, su permanente contacto con la población. Sus giras -muchas de las veces de tres municipios por día- le han permitido establecer un modelo de “comunicación sin intermediarios” -ni oficiales ni oficiosos- que le ha permitido mantener vivo el voto de confianza y respaldo popular que todo gobernante necesita.

Se podría concluir entonces -con los diversos matices del caso y de las apreciaciones políticas e ideológicas propias del debate y el análisis- que Silvano ha trabajado bien durante este año en la construcción de los esquemas que le permitan continuar con el apoyo ciudadano para el arranque de su segundo año de gobierno.

Es de esperarse que así sea, porque hay acciones de gobierno y decisiones que no pueden postergarse y que sin ese respaldo popular, difícilmente se pueden concretar.

Y como una cosa no se entiende sin la otra, Silvano ha de tener claro que ese respaldo y aprobación tampoco son un cheque al portador. No hay créditos sin la posterior cobranza.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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