TERCERA LEY DE NEWTON
Es verdad que a toda acción corresponde una reacción, de la misma intensidad pero en sentido inverso. Es una verdad científica, probada, demostrada y articulada en axiomas matemáticas que todos, por lo menos en la secundaria y en la preparatoria debimos de reproducir en Física al conocer las tres Leyes de Isaac Newton sobre dinámica o movimiento.
Pero en el terreno de lo político, sin tener tanta parafernalia científica, ocurre exactamente lo mismo. Accionamos y reaccionamos. A veces con sorpresa, a veces de mala forma, a veces con estupor y otras con escepticismo. Pero siempre reaccionamos, de alguna forma. Esta semana, desde la muerte de Juan Gabriel hasta la visita de Donald Trump a México, nos hemos pasado entre acciones y reacciones de todas las índoles.
Pero la tendencia general fue que la reacción se tradujo en caída política; o petición de renuncia, por aquello de las formas y protocolos y no me quites la paja sin ver la viga de tu ojo.
Dos caídas espectaculares. Una por su peso político y la otra por su viralidad en Redes Sociales: la de Nicolás Alvarado Vela, ahora ex director de TVUNAM, y Luis Videgaray Caso, ahora ex Secretario de Hacienda y Crédito Público.
El primero, por comentarios clasistas, homofóbicos y de mal gusto que hicieron cuestionar la valía o no de Juan Gabriel como compositor y cantante, máxime que los hizo como funcionario público al ser directivo de una de las áreas más sensibles de la Universidad Nacional Autónoma de México, que es su canal de televisión.
El foco de atención con el texto de Nicolás Alvarado, titulado “No me gusta ‘Juanga’ (lo que le viene guango)”, publicado en Milenio Diario, no es o no debería ser su falta de tino y acierto sobre la capacidad compositora del Divo de Juárez sino la reflexión sobre el derecho a la libre expresión. Era funcionario público sí; pero también era parte de la plantilla de columnistas de un diario nacional y como tal, tenía la autoridad o la autorización de externar sus puntos de vista. El problema es que pesó más su puesto como directivo, más el descrédito en puyazos que hizo; la reacción vino con las Redes Sociales quienes lo lincharon hasta que el rector de la UNAM le pidió su cabeza.
Una acción de opinión generó una reacción de despido y culpabilidad social.
El otro caso, el de Luis Videgaray Caso, es más complejo por simple. Él fue quien gestionó la visita de Donald Trump a México, pasándose por alto a la Secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu Salinas, quien incluso solicitó su renuncia, misma que no fue aceptada.
¿Por qué sí la de Videgaray Caso? Por la tercera Ley de Newton: Su acción, invitar a Trump a México a dialogar con Enrique Peña Nieto, desató una serie de reacciones imparables. No las periodísticas o las virales. Esas no importan a esos niveles. Pero sí ante la negativa de Hillary Clinton de acercarse al gobierno mexicano, después de haberse reunido con su candidato opositor, máxime que el presidente Peña Nieto no fue capaz de un acto de defensa legítima de México ante los insultos reiterados del candidato republicano. Su entreguismo fue tal que hasta disculpó los exabruptos llamándolos discrepancias de puntos de vista (ver http://primeraplananoticias.mx/2016/diatriba-en-contra-de-por-alejandro-baez-26/ y/o https://alejandrobaez.wordpress.com/2016/09/01/otro-ladrillo-en-la-pared/).
El poder de Estados Unidos sobre México siempre es grande. Al menor ronquido de ellos, nosotros nos sobresaltamos. Al interior del gabinete de Peña Nieto, la bomba tronó. Se intuye problemas en nuestras relaciones diplomáticas y comerciales y económicas con el poderoso vecino del norte. Se necesitaba un castigo ejemplar, una cabeza que rodara, una víctima del sistema, un chivo expiatorio. Y Luis Videgaray Caso estaba de pechito, al ser él el gestor de la visita. Los dedos flamígeros de sus correligionarios lo señalaban como culpable y, como nuevos judíos maiceados, gritaban ¡Crucifícalo, crucifícalo! a Peña Nieto, erigido como nuevo Pilatos.
Con Videgaray se va un cuatrienio de corrupción, de endeudamiento, de fracaso en las cuentas federales, de devaluación, de inflación, de subida de precios de la canasta básica. Con Luis Videgaray se va la mano derecha de Enrique Peña Nieto, la mano que mecía la cuna para poner todo de tal forma que se perfilaba como el candidato idóneo para 2018. Con la salida de Videgaray Caso se levanta triunfante un Miguel Ángel Osorio Chong como el hombre fuerte del gabinete.
Con la salida de Luis Videgaray Caso de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público entra en relevo José Antonio Meade, actual titular de la Secretaría de Desarrollo Social.
El señalamiento importante a hacer es que si Meade regresa a SHCP es la confirmación y verificación de que el proyecto fiscal de Peña Nieto fracasó rotundamente y se valida la economía calderonista.
Más acciones. Más reacciones. Más fracturas en el país. Nos hundimos en un mar de cuestionamientos y culpabilidades donde todos se echan la bolita. Un país en donde, como lo dijo el propio Peña Nieto, casi no se cuenta pero cuenta mucho.
Pero esto es solo mi opinión.







