Con toda seguridad, las fuerzas federales y estatales desplegadas para el combate a la delincuencia organizada en la entidad habrán de redoblar, reforzar y endurecer los operativos que realizan en algunas de las regiones y municipios de Michoacán.
No se entiende de otra manera el mensaje que anoche pronunció el gobernador Silvano Aureoles para refrendar su compromiso de “cero tolerancia” a los delincuentes; la seguridad de que “no habrá marcha atrás” y las garantías a los michoacanos de que se desterrará el flagelo de la impunidad y la delincuencia.
El mensaje de Silvano Aureoles se dio unas horas después de que se confirmara que un grupo vinculado a las organizaciones criminales que aún operan, sobre todo en la Tierra Caliente, derribaran un helicóptero de la Procuraduría General de Justicia del Estado, provocando la muerte de tres agentes ministeriales y del piloto de la aeronave. Un ministerial más se encuentra gravemente herido.
La capacidad de fuego, organización y respuesta de estos grupos delincuenciales quedó nuevamente de manifiesto: primero, porque el ataque a la corporación estatal se dio en el marco de un operativo oficial en el que fue abatido un presunto narcotraficante; segundo, porque el derribamiento del helicóptero fue con el uso de un fusil Barret calibre 50, utilizado por grupos de asalto contra vehículos pesados, y tercero porque en el propio informe que anoche rindió el jefe del Ejecutivo estatal, al hacer referencia a los golpes que se ha propinado a la delincuencia, enumeró la larga lista de armamento que les ha sido asegurado, y que incluye lanzacohetes y misiles RPG.
Por tal motivo, y ante el peligro que siguen representando las células de la delincuencia organizada en la entidad, es que el mensaje del gobernador –acompañado ayer en Casa de Gobierno por los mandos militares y de la Marina que participan en el Grupo de Coordinación Michoacán– no puede entenderse de otra manera, sino como el reforzamiento y endurecimiento de las acciones contra estos grupos crimínales.
La tarea no es menor, pero de no hacerla, de no cumplirla, el riesgo y los costos, serán altísimos.
Los derechos y las libertades de todos son los que están en juego. Es la realidad… Y en la realidad, no se admiten vacilaciones.
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