Que el diputado federal del PRD, Fidel Calderon Torreblanca, haya decidido apoyar abiertamente las aspiraciones presidenciales de Andrés Manuel López Obrador y en los hechos convertirse en un solovino  (AMLO dixit) del morenismo, no es ni sorpresivo ni un pecado (que si lo fuera ya tiene quien lo redima). Lo que resulta a todas luces criticable es el oportunismo con el que maneja su conversión y la falta de decoro que evidencia en su aparente rechazo al perredismo, en el que todavía milita.

Porque si en política percepción es realidad, entonces estamos ante un personaje que va a navegar en las aguas (o lodo, !vaya usted a saber, lector!) sin brújula, es decir, sus posicionamientos serán chantaje y su chantaje una presión, tanto para el PRD como para Morena.

Para nadie es un secreto que lo que mueve a Calderón no es precisamente su fidelidad a AMLO, pues si así lo fuera lo hubiera seguido cuando el tabasqueño decidió abandonar las filas del sol azteca para fundar su propio partido; por el contrario, el que fuera secretario de Gobierno de Leonel Godoy se mantuvo en el PRD para aguardar por sus sueños de ser el candidato de ese partido al gobierno en 2015.

Ya sabemos en qué  terminaron esos sueños: una negociación con Silvano Aureoles para obtener lo que en realidad sabía que podía tener: una diputación federal por la vía plurinominal, convirtiéndose en el primer perredista que brinca de un cargo legislativo (entonces era diputados local) a otro por la misma vía, sin hacer campaña, sin despeinarse y nadando de a muertito.

El puro chantaje, pues, la pura presión. Pues ni en sus más locos sueños pudo imaginarse arrebatarle la candidatura al ahora gobernador. Pero le dieron cuerda y lo hicieron diputado.

Ahora, según se sabe por gente de su propio entorno, lo que Calderon busca es una candidatura al Senado de la República en 2018. Para eso está armando la base militante que le dé margen en la negociación y, sobre todo, flirtea con el lopezobradorismo. Obviamente sus panegiristas ya tantean con el petate del muerto.

Así puesq, Calderón Torreblanca se adelanta y se pone al mejor postor: ¿de melón o de sandía? ¿Quién da más?

Finalmente, quién sabe qué habrá querido decir López Obrador cuando se refirió a sus “bien amados solovinos y bien amadas solovinas”, pero si se refería por ahí a la fidelidad de sus seguidores, pues resulta que Calderón no es de ningún modo un buen solovino.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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