Texto: José Cacho
Fotos: Gustavo Vega/José Cacho

Morelia, Michoacán.– Hace 8 años les cambió la vida. Para mal. Hoy Erick Francisco Guillén González vive callado. No le gusta hablar.

El 15 de septiembre se cumple un año más de una tragedia que los marcó a ellos y a Michoacán completo. Se trataba de un festejo de las fiestas patrias; culminó en un incidente que lastimó alrededor de 15 familias las cuales. Hoy todos, entre ellos Erick, buscan el apoyo ante el olvido.

La suya es una de esas historias.

La muerte
A Erick le resulta incómodo volver a relatar el suceso. Las palabras no salen. Él calla y se frota el rostro. Las lágrimas que resbalan por las mejillas revelan la impotencia. El respira y habla apenas.

“Hubiera preferido ser yo y no mi hija. Podrás tener 15 o 20 hijos, pero siempre extrañaras al ángel que perdiste”.

Y solloza.

Pero la historia no acaba ahí. Erick es víctima por partida doble. Su vida cambió, otra vez, el 15 de diciembre de 2009. Un año después de los atentados, a consecuencia de la narcoguerra, perdió a su hija de 3 años. Fue por las heridas provocadas por las esquirlas de una granada lanzada en un atentado en la agencia del Ministerio Público en Tres Puentes.

Erick habla nervioso, como si el tronido aún estuviera presente. Cuenta, con los ojos, que sólo escuchó dos detonaciones. Después los gritos auxilio de su esposa y el llanto de una niña. Era su hija. Después el shock.

“El estrés me nubló. Mi hija quedó grave en el hospital del Seguro Social”.

A los dos días murió.

“A nadie le gustaría ver a su ser querido hecho pedazos”, dice. Hoy sus sueños están rotos.

“Ha sido un martirio cargar con el recuerdo divagar en diferentes dependencias, sin respuesta alguna”.

ellos

Una esposa, un hijo
La mujer de Erick, quien prefiere omitir su nombre, quedó con secuelas en su cuerpo. Hoy tiene cicatrices y dolores. A veces no puede caminar bien.  raíz del incidente tuvo prematuramente a su bebé. El niño no puede ver bien.

Erick trabaja de albañil. Dejó el oficio de hojalatero de toda su vida antes del incidente. Ahora quiere salir adelante y reconocer la gravedad del incidente. También reclama el apoyo que tanto prometieron las administraciones pasadas.

“Espero que las autoridades actuales no olviden que aún seguimos ahí. El dolor podrá irse, pero la cicatriz perdura”.


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