FOTO: EFE

Hoy en la Ciudad de México se reunirán en presidente Enrique Peña Nieto y el candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump.  La verdad, la mera verdad, la petulancia y el desprecio que por México y los mexicanos ha mostrado el magnate estadounidense nos lleva a advertir que en un descuido, el encuentro puede resultar desgarrador.

Sí, y hay que decirlo: bien hacen Peña Nieto y su canciller Claudia Ruiz Massieu Salinas en tender puentes de entendimiento tanto con el candidato republicano como con su rival del Partido Demócrata, Hillary Clinton.

Eso es saludable y plausible. Es más; punto a favor de la diplomacia mexicana puede considerarse el hecho de que Trump haya aceptado la invitación de Los Pinos para trasladarse a Ciudad de México.

Hasta ahí todo pinta bien. El problema es el carácter irascible del visitante, su proclividad a la confrontación y a la provocación y su poco respeto a las reglas políticas a la hora de debatir.

Una vez que se confirmó el encuentro con Peña, The Washington Post informó que hay el interés del director ejecutivo de la campaña del magnate de mostrarlo como “un hombre de Estado” para tratar los asuntos de la agenda bilateral con México. Sin embargo, el mismo avance informativo del influyente diario advertía que en el equipo de Trump no se ha descartado mantener la línea “dura e incendiaria” que lo ha caracterizado, con rasgos como su último llamado a deportar a los alrededor de 11 millones de ilegales que se estima viven en Estados Unidos.

Las dudas surgen y son muy válidas: ¿Con que careta viaja a la capital mexicana el candidato? Y mas aún: ¿Qué dirá de su entrevista con Peña una vez de regreso a su país? ¿Cuáles serán sus interpretaciones y lecturas de lo que hable e incluso llegue a acordar con el mandatario mexicano?

Por eso decimos, lo advertimos: puede resultar desgarrador…

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