Tras la Casa Blanca, Ayotzinapa, la cancelación del tren México-Querétaro, La Gaviota, el Virrey Castillo, la crisis de derechos humanos, la economía estancada, la inflación y ahora último la tesis plagiada, no es extraño que los índices de popularidad de Enrique Peña Nieto estén por el suelo.
Pero sus escuderos de primer nivel tampoco lo ayudan. Y uno de ellos, Aurelio Nuño, de los que menos.
Sucedió así.
El 29 de febrero, en conferencia de prensa, Aurelio Nuño anunció el recorte de 3 mil 360 docentes a partir del 1 de marzo, porque no se presentaron a los exámenes ni a la reposición de la prueba.
En abril, dijo que alrededor de mil 300 maestros de Guerrero iban a ser despedidos por no realizaron ningún tipo de evaluación, a pesar de que se les había dado una segunda oportunidad de presentar la prueba extraordinaria.
El 20 de mayo de este año, dijo Nuño: Los primeros despidos de maestros se harán efectivos a fines de junio.
Y ahora recién, apenas el 19 de agosto, insistió: Habrá despidos y descuentos si maestros no inician ciclo escolar.
Sin embargo, según exhibe hoy un oportunísimo informe del diario Milenio, hasta hoy, 30 de agosto, la cifra de despedidos de la CNTE es igual a cero.
La nota de Milenio, obtenida vía Ley de Transparencia, cita a la SEP: “Con relación a la cifra de cuántos docentes han sido dados de baja por acumulación de faltas, se informa que de acuerdo con los diversos comunicados emitidos por las autoridades educativas de las entidades federativas y la Coordinación Nacional del Servicio Profesional Docente, nota de la Redacción, a la fecha el número docentes (sic) dados de baja por acumulación de faltas es igual a cero”.
En otras palabras: el gobierno federal miente al anunciar despidos efectivos de maestros faltistas. El gobierno federal miente sobre la Reforma Educativa.
La situación supone un descalabro para el gobierno federal, a quien nadie obligó a meterse en esta camisa de once varas. Fueron ellos, por iniciativa propia, quienes anunciaron cambios estructurales con bombos y platillos; fueron ellos solos quienes se arrogaron la condición de salvadores de la educación. Ellos solos anunciaron despidos, orden, nuevos aires. Y ahora no cumplen. Al final del día, lo único que lograron fue revolver el avispero centista.
La situación, y eso es mucho peor que lo que le ocurra al presidente, supone un descalabro para México.
Hasta ahora, todo indica que la administración de Enrique Peña Nieto, fiel a su más íntimo ADN político, gobierna para la prensa. Y así les va.







