Quienes se están ocupando del formato que dispusieron en Los Pinos para que Enrique Peña Nieto rinda un informe a la nación sobre su cuarto año de gestión, como un intento de innovación y modernización de la relación entre el titular del poder Ejecutivo y sus gobernados, creemos que se equivocan. Desde ahora se puede anticipar que será un rotundo fracaso y que sólo servirá para atizar, aún más y por si le faltara algo al presidente, el descontento y la irritación social.

Para empezar, la peregrina idea de encerrar al presidente con 300 jóvenes para dialogar sobre los temas del país, se toma en el peor momento que se les podía haber ocurrido: bajísima aceptación, pésima reputación personal y profesional, alzas a la gasolina y al consumo de energía eléctrica, los gobernadores de su partido, el PRI, envueltos en escandalosos casos de corrupción, los niveles de inseguridad a la alza, la economía prácticamente paralizada, informes por aquí y por allá de constantes violaciones a los derechos humanos, su gabinete dividido….

!Sin eufemismos! Todo esto no es percepción, es simple y llanamente la realidad nacional. Los mexicanos, la mayoría -lo establecen los informes del INEGI-, han perdido la confianza en el gobierno y en las instituciones del Estado mexicano. Los esfuerzos que se hacen desde las trincheras individuales, familiares o empresariales, no están correspondidos por el ejercicio del poder político y la función pública.

Si Peña Nieto y quienes lo convencieron del “nuevo formato” para el informe, no lo quieren ver o simplemente les vale un cacahuate, pues ese es su problema. Y sí, su problema, porque ahí viene el otro error de querer innovar sin ser innovadores y que hace prever su fracaso: ¿creen de verdad que alguien les va a comprar la publicidad de que se trata de un diálogo democrático, plural, representativo y, sobre todo, no arreglado a modo para el lucimiento del mexiquense?

¡Hombre! ¡Por Dios! ¡Tanto dinero que gastan y no hay quien los asesore! En Los Pinos están en vísperas de sumar otro fracaso, otro escándalo que quién sabe cuántos puntos les va a costar en las encuestas de calificación a la gestión de Peña… Eso ya se verá.

Y finalmente, la realidad otra vez delata a los innovadores ‘patito’ que cobran, y mucho, como supuestos expertos en comunicación política: se equivocaron de país, se equivocaron de año y se equivocaron de presidente. Su propuesta es torpe, sus planteamientos inocuos y su publicidad mera fanfarronería.

No falta la cita al infaltable -por amable- Juan Gabriel: ‘Pero que necesidad…’

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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