En el drama de su declive -si las elecciones fueran hoy, el PRI no retendría la Presidencia de la República, coinciden todas las encuestas-, y a riesgo de empeorar, resulta patética la argumentación que desde el partido tricolor plantean para anunciar que han decidido cerrar la puerta a la iniciativa que Enrique Peña Nieto presentó en mayo pasado para legislar sobre el derecho de los homosexuales y lesbianas a formar una familia, con adopción incluida.

Patéticos argumentos, porque en su miedo -que ya no cálculo- electoral, los priistas por lo visto ya no saben contar, perdieron el sentido del análisis y derrotados de antemano tiran patadas de ahogado. Como los malos boxeadores, arrinconados en su esquina y a punto del nocaut: tiran golpes al bulto, a ver si de chiripa alguno pega.

A la cabeza de ellos se puso el senador Emilio Gamboa. “No es prioridad” la iniciativa de los llamados matrimonios igualitarios, dijo y añadió que no ve a los mexicanos “presionando porque se apruebe”.

Con sus declaraciones el político yucateco se puso la soga al cuello, porque en su lógica de “prioridades” que nos diga donde si ve presión social y cual ha sido la respuesta del gobierno que representa: ¿economía y generación de empleos? ¡Tache! ¿Seguridad y freno a la violencia en el país? ¡Tache! ¿Combate a la corrupción? ¡Tache! ¿Derechos humanos, incluyendo los de los policías y soldados? ¡Tache! ¿Acuerdos políticos para la gobernabilidad y la gobernanza? ¡Tache! ¿Reformas estructurales que tanto pregonaban como la panacea nacional? ¡Tache!

¿O nos dirá el senador Gamboa que tampoco esas son prioridades? Es más, ni siquiera han sido capaces de meter en cintura a la Iglesia católica, que puede estar en su derecho de manifestarse contra los matrimonios igualitarios, pero lo que no tiene derecho es a sembrar el odio y a promover conductas y prácticas discriminatorias y de declarada violencia contra la comunidad gay.

“Lo bueno casi no se cuenta, pero cuenta mucho”, dice el mensaje de Peña en los espots que le han preparado en ocasión de su cuarto informe de Gobierno. ¡Por favor! Que alguien le diga que algo bueno de su gobierno era precisamente la iniciativa que hoy su propio partido le está boicoteando.

Y que no le tengan miedo a la Iglesia. Sus pecados, en todo caso, son otros. Por ellos su declive.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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