¿Repliegue estratégico de la CNTE? ¿Visos de un entendimiento y acuerdos? Y si es lo segundo, ¿Hasta dónde y para qué alcanzarían esos acuerdos? ¿Qué significarían y cuál sería su impacto en la reforma educativa y en el trato del gobierno federal con la coordinadora en el futuro inmediato?
Es muy temprano para hallar respuestas a esas interrogantes. Tal vez ni siquiera los protagonistas (gobierno y disidencia magisterial) las tengan aún. Pero el caso es que el paro que los maestros centistas anunciaron en el arranque del ciclo escolar 2016-2017 se cumplió parcialmente en Oaxaca y Chiapas y no tuvo mayor resonancia ni en Michoacán, ni en Guerrero; tampoco en Tabasco ni en Ciudad de México, las otras entidades amenazadas por la dirigencia de la coordinadora en el mensaje que difundieron el domingo pasado, un día antes del inicio de clases.
Significativo también que desapareciera de la escena el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong -artífice de las mesas de diálogo que hasta hace cuatro días parecía que no habían servido de nada-, y, en cambio, volviera al protagonismo el titular de la Secretaría de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer, para advertir desde temprano -en una entrevista televisiva- lo que después refrendaría el presidente Enrique Peña Nieto en el acto oficial por el inicio de cursos: “si no hay clases, no habrá más diálogo”.
No más pláticas ni negociaciones, aseveró el jefe del Ejecutivo, si no hay garantías por parte de los maestros de que habrá clases. Los alumnos -dijo- no pueden ser rehenes de la situación. Tal vez quiso decir que su gobierno, tampoco.
Porque ya por la tarde, mientras la coordinadora iniciaba -ahí sí no hubo retrasos en la convocatoria- su enésima marcha a la Secretaría de Gobernación, Nuño Mayer ordenó la emisión de un comunicado: en coordinación con los gobiernos estatales, se sancionará con el descuento respectivo a los maestros faltistas.
¿Es el fin del discurso que se impuso después de la tragedia de Nochixtlán (de la que por cierto cada día se conocen más elementos que permiten señalar que no fue la Policía Federal la que inició las hostilidades)? ¿El Ejecutivo hace a un lado la opción de su secretario de Gobernación? ¿Se acabó la tolerancia?
Son otras preguntas que también surgen y que no tienen respuesta aún. Los próximos días, pues, serán cruciales para entender el derrotero que tomará el conflicto magisterial.
Difícil, por ahora, hacer cuentas alegres. No son los tiempos propicios ni los actores de fiar.
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