La disidencia magisterial de la CNTE acordó no regresar a clases. Los alumnos de educación básica de Michoacán, Oaxaca, Chiapas y Guerrero se perderán el inicio del ciclo escolar 2016-2017; también habrá paros parciales, se anunció ayer, en algunas secciones de Ciudad de México y Nuevo León.

Los centistas también acordaron realizar marchas (hasta anoche se habían confirmado en Chiapas, Oaxaca, Michoacán y la capital del país) y de ser necesario, amenazaron los dirigentes, “intensificarán” sus acciones: más bloqueos carreteros, de vías de ferrocarril, tomas de edificios públicos y centros comerciales… Ellos no van a parar hasta la “abrogación” de la reforma educativa.

La CNTE y los grupos que se le sumaron, más con la idea de desestabilizar y debilitar al gobierno de Enrique Peña Nieto, volvieron a mostrar la garra, su verdadero rostro e interés. Ellos, por la vía de la negociación, no van a ceder ni un ápice; lo suyo es el todo o nada.

Y el todo para ellos tiene nombre: la claudicación del gobierno en la reforma educativa y con ello su anulación política y electoral. La anunciación de su fracaso.

En Los Pinos, en tanto, hacen mutis. Desde hace tiempo -concretamente desde la tragedia de Nochixtlán del 19 de junio- el grupo peñista perdió la brújula; la situación se le salió de control; dominan hoy las divisiones en el gabinete, y la actitud que asumió en las negociaciones que siguieron a los hechos de Nochixtlán (ceder, ceder y ceder) sólo ha contribuido a tensar aún más el conflicto, a polarizar y a abrir nuevos flancos de confrontación y violencia.

Sí, porque a final de cuentas, y ante el radicalismo de la coordinadora y los grupos que se le han sumado, el gobierno de Enrique Peña Nieto no tiene más que de dos sopas: o recurre a la fuerza pública ante los  bloqueos que se antojan inevitables a partir de este lunes, o termina por aceptar su claudicación en la reforma educativa y, con todas sus letras, convoca a un nuevo proceso legislativo para el sector.

Los costos políticos, sociales y económicos de cualquiera de las dos salidas, serán altísimos. Pero el caso es que ya está obligado a hacer algo que verdaderamente se note y resuelva, porque tampoco se trata de que los alumnos sin clase y el resto de los miles de ciudadanos afectados por las movilizaciones del magisterio se queden a la deriva.

Su estrategia, hasta ahora, ha resultado un fiasco. ¿Por qué? Porque al parecer nunca entendieron o no quisieron entender que el movimiento que inició la CNTE y al que se le han sumado otros grupos políticos, crecía hasta convertirse en algo más que una protesta sindical y que llegado el momento ya lo de menos sería atender sus reclamos por las supuestas afectaciones laborales que les significaba la reforma educativa.

Entraron a la disputa otros actores y otros factores que tienen que ver, no con el modelo educativo en sí, sino con la disputa por el poder y la sucesión del 2018.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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