A menos que estemos siendo testigos de la decadencia del cártel de Sinaloa y del fin de la era de Joaquín “El Chapo” Guzmán, como el máximo capo del país, el secuestro de su hijo Jesús Alfredo, el lunes en Puerto Vallarta, podría marcar el inicio de una cruenta “guerra” entre la organización del sinaloense y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que encabeza Nemesio Oseguera, “El  Mencho”, y sus socios los hermanos González Valencia, conocidos como “Los Cuinis”.

La Fiscalía General de Jalisco informó contundente, tajantemente: el plagio o levantón del hijo de “El Chapo” corrió a cargo de sicarios a sueldo de los jefes del CJNG. El ataque, según se desprende de las crónicas que se han dado a conocer a partir de los informes de la Fiscalía jalisciense, fue de precisión.

Para hacerlo aún más notorio, escogieron uno de los restaurantes más lujosos y exclusivos de Puerto Vallarta, “La Leche”, ubicado frente a la conocida Plaza Caracol, la más concurrida de ese destino turístico. “El Mencho” y “Los Cuinis” quisieron dar “una muestra de poder, de control… Y lo lograron”, dijeron a Primera Plana fuentes del Gobierno Federal.

Todos los informes de inteligencia en poder del Consejo Nacional de Seguridad Pública (CNSP) coinciden en que hoy por hoy la sociedad criminal de Oseguera y los hermanos González Valencia es la más poderosa, por el control que ejerce sobre las principales rutas del trasiego de drogas, la red de lavado de dinero que tienen por prácticamente todo el territorio nacional, su capacidad de organización y su poder de fuego.

Lo que hace unos años fue el cártel de Sinaloa, hoy lo es el CJNG. Y por eso las luces de alerta que se encendieron en el Sistema Nacional de Seguridad (SNS), una vez que se confirmó que el “objetivo” de los sicarios de “El Mencho” fue, ni más ni  menos, que Jesús Alfredo Guzmán Salazar, el hijo de “El Chapo”,  que hasta donde se informa, estaba llamado a ser el heredero del mando en la organización de su padre.

¿Qué significa todo esto? Decíamos al principio: puede ser el anuncio de la decadencia de “El Chapo” y su organización,  o puede ser el inicio de feroces batallas que se librarán entre estas dos organizaciones por el control, casi absoluto, del tráfico de estupefacientes en el país.

Y ya sabemos lo que dejan esas batallas. El dolor de esa guerra.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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