Texto y fotos: José Cacho

Morelia, Michoacán.- Dentro de las fiestas del día de la Asunción de la Virgen María, un pequeño pueblo al sur comido por la mancha urbana de Morelia se engalana con un muy mexicano platillo: el mole.

En un principio mi pareja y yo íbamos a comer enchiladas de esas típicas de la cenaduría ariense. Tras caminar las angostas calles y saborear el aroma de los condimentos, cambiamos de parecer.

El entorno ayuda. Entre los callejones llenos de pendones azules y blancos, al surcar los puestos de garnacha, cañas, baratijas y otras chucherías, se alcanza ver la capilla primitiva de Santa María, que abre sus puestas a sus visitantes con una imagen que recibe de brazos abiertos.

Me llamó la atención en el templo principal, los infantes con sus prendas más finas para la primera comunión y la confirmación. Mientras, una banda de viento de la tenencia de Teremendo amenizaba. Si un día me caso, pensé, los contrato.

Tras caminar un rato en esta tenencia, en la que parece detenerse en tiempo, decidí probar uno de esos famosos moles.

El que elegí fue por una señora de cerca de 70 años, muy alegre y platicadora. Doña Eloisa Murillo Vallejo, se llama.

80ca6e7b-d849-41b9-a966-4fe19b386fc0

Ella llegó en el 53. Se casó a los 16, y a los 17 ya hacía el mole. Ahora, a su edad, ya le pasó la receta a la vecina para seguir el legado. Mientras habla, yo me peleo con un taco de mole que se me desparrama en el suelo.

Su aprendiz, la vecina, se pavonea de ser la elegida para seguir con el platillo. Comenta orgullosa que desde el fin de semana acaba pronto la venta de mole. Centenas de morelianos llegan desde el norte con su olla para llevar.

El mole, recalca, es delicado. El mejor es el que no lleva tanto condimento: pues a la larga piede caer mal y hacer pasar una mala tarde.

Su estrategia de venta convence. Le compró un poco para comer en casa; al fin y al cabo las enchiladas arienses podrían esperar, pero el mole famoso de Santa María no.

Me retiro con una bolsa de cacahuates y otra de tortillas hechas a mano, con su respectivo mole con pechuga de pollo. Escucho a otros curiosos preguntar sobre el mejor mole; a un lado, otra cocinera sirve un plato de mole con guajolote. ¿El precio? 60 pesos. Su propaganda no deja lugar a dudas:

“El mejor mole que hay, es el que más te guste; y si te gusta ese mole, pues es el mejor. ¡Pruébele!”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí