Se sabe que para construir una democracia se necesitan demócratas… Y no se ven. Ni en el gobierno, ni en los partidos políticos ni en el Congreso de la Unión. Tampoco en los grupos de poder de facto, sean de izquierda o de derecha, empresariales o con la etiqueta de derechos humanos. Del clero ni hablar, hundida como está la jerarquía católica en sus aberraciones y odios.

Cada quien mira por sus intereses, cada cual en su mascarada, donde se vale hasta tergiversar la historia y alterar los hechos. Los casos más recientes: el movimiento magisterial, al que sus apologistas venden como el bálsamo para la salvación patria (no es exageración, ¡así lo promueven!); la protesta empresarial y sus amagos de no pagar impuestos (nomás les faltó su plantón para ponerse al tú por tú con la CNTE), y no podía faltar, ¡claro!, la Iglesia católica y sus desplantes aderezados por la homofobia, la intolerancia y la discriminacion.

Los partidos políticos, el gobierno y los legisladores no se quedan atrás, metidos como están desde ahora en la preparación de la “guerra” electoral que librarán en 2018.

Así tienen al país, convertida en una arena –íbamos a decir de lodo, pero mejor no– de todos contra todos; sin técnicos ni estilistas que enaltezcan el ejercicio del poder, imperan la rudeza, los golpes bajos y la descalificación a priori. Y fanfarronean, eso sí, como dice Joan Manuel Serrat, “pa’ver quien es el que la tiene más grande…”.

¿Y la mayoría? ¿Dónde queda la inmensa mayoría que no milita ni está representada en sus cúpulas gremiales? ¡Esas les valen menos que un cacahuate! Sólo les interesan y las invocan cuando de adornar sus discursos se trata y de verse al espejo para repetirse una y otra vez que ellos y solo ellos son la mejor opción.

Pero la verdad, no hay para dónde hacerse. Inerme, esa mayoría los desprecia, por lo menos. Y desconfía de todos esos políticos y grupos. De unos más que de otros, pero de todos, porque de todos ¡ni a cual irle!

Pero así tienen al país… En una de sus peores crisis. Que solo se salva por esa mayoría, esa inmensa mayoría silenciosa, sin partido, sin grupo, pero que es el sostén de lo que nos queda y que es mucho…

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