A VECES YO QUISIERA REÍR A CARCAJADAS

Permítanme reír. No a carcajada batiente pues no es motivo hilarante sino absolutamente trágico. Los griegos establecían que la catarsis de la comedia se daba por medio de la risa nerviosa pues era más la miserable condición humana en la que uno se reconocía lo que llevaba a una auto reflexión.

Los empresarios adscritos a la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) se ampararon y demandaron a Enrique Peña Nieto y a los gobiernos de la ciudad de México, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas por los daños producidos por su incapacidad para aplicar la ley en relación a las manifestaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), misma que, a decir de ellos, les ha impactado en 4 mil 200 millones de pesos.

Reír es el escape, es el desvío de las lágrimas de coraje, de ternura, de desesperación.

La cúpula patronal presentó su querella en los Tribunales del Poder Judicial de la Federación, uno de los tres poderes en los que está sustentada la federación mexicana, establecidos desde Los sentimientos de la Nación escritos en 1813 por José María Morelos y Pavón y consagradas, por lo menos en las dos últimas constituciones nacionales, la de 1857 y la actual, de 1917.

Si México tuviera un federalismo auténtico, una verdadera independencia de cada uno de los tres poderes para generar un equilibrio en el poder, que es la idea central del concepto, el presidente de la República y Miguel Mancera Espinosa, Silvano Aureoles Conejo, Héctor Astudillo Flores, Gabino Cué Monteagudo y Manuel Velasco Coello, los gobernadores demandados, deberían estar temblando ante el embate legal en su contra o, como sucede en las democracias consolidadas y auténticas, presentando la renuncia a sus puestos para poder ser investigados en libertad y en equidad.

Pero no: estamos en México. No solo es el país de nunca jamás sino que también es el país de la sumisión, de la corrupción, del compadrazgo, de las leyes a modo de quien las necesita o solicita y del no pasa nada. Más motivos para reír y llorar.

La queja de la COPARMEX se va a quedar como golpe mediático, como antecedente periodístico (por más que reviso mis archivos y mis memorias, no tengo precedente de que algún presidente mexicano haya sido demandado por un organismo cupular de la iniciativa privada, siempre cómplice y beneficiario del sistema) y como motivo de comentario. No va a tener más impacto que ese.

Sí debe ser motivo de reflexión los argumentos de la COPARMEX para presentar su demanda: ingobernabilidad y una daño a la actividad económica de hasta medio punto del Producto Interno Bruto (PIB), la violación de los derechos de los empresarios y ciudadanos y por las tomas impunes de carreteras, calles en 8 estados de la República Mexicana.

“Durante 82 días, los integrantes de la CNTE han actuado en contra de la ley ante la evidente falta de capacidad del Estado Mexicano para establecer el orden y terminar con los bloqueos”, dijo en conferencia de prensa Gustavo de Hoyos, presidente de la COPARMEX al salir del Tribunal del Poder Judicial de la Federación. También señaló que “El secuestro de la actividad económica en esas entidades [ciudad de México, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas] es inadmisible en un régimen que debe ponderar y defender el Estado de Derecho (…). El gobierno de Enrique Peña Nieto está faltando a su obligación básica con los ciudadanos de hacer valer la ley impuesta por la Constitución de la República”, manifestó.

Hubo reacciones inmediatas. Los empresarios se reunieron con los demandados. El miércoles 3 de agosto, por ejemplo, Silvano Aureoles estuvo a puerta cerrada en Casa de Gobierno escuchando las quejas y dando respuesta a lo argumentado por la COPARMEX michoacana. Lo mismo sucedió en cada una de las sedes de los gobiernos involucrados.

¿Después? Pues nada. La CNTE volverá a las calles, volverá a tomar carreteras, a robar e incinerar autobuses, a robar mercancía, a violentar a los ciudadanos en su libre tránsito, a desprestigiar a la ya de por sí vulnerable y miserable sistema educativo nacional. Y todo por una reforma que no sirve, una reforma que no propone, una reforma que ni educa ni sirve para nada.

La reforma educativa no tiene ninguna validez y su lucha en contra es una batalla inútil, desgastante y muy cara para el país.

Por eso la COPARMEX demandó pero la sumisión del poder judicial al poder ejecutivo en México es más que evidente. Ergo, como dicen los malos clásicos, no va a pasar nada, más que una serie de reuniones, varias declaraciones triunfalistas, una foto en donde todos sonríen y un país que está colapsado pues no hay repercusiones para quienes violan y violentan las leyes.

Por eso a veces yo quisiera reír a carcajadas para no llorar.

Pero esta es solo mi opinión.

 

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