El gobernador Silvano Aureoles se reunió ayer con empresarios del estado y de acuerdo a lo que se sabe del encuentro privado de este miércoles, se hizo énfasis en que, a diferencia de otras entidades, el mandatario mantiene vivo el respaldo del sector; sus bonos siguen altos, y hay confianza en los proyectos que se han planteado para consolidar la estabilidad en Michoacán y detonar los planes de desarrollo y crecimiento en los próximos años.
Hay sinergia entre el gobierno estatal y la iniciativa privada local, coincidieron la mayoría de los asistentes al cónclave que tuvo lugar en Casa de Gobierno. E incluso se subrayó en la necesidad de demostrar que a pesar de que el estado también se ha visto afectado por las movilizaciones y bloqueos de la disidencia magisterial, no puede ponerse en el mismo rasero que Oaxaca, Chiapas y Guerrero.
Michoacán esta mirando hacia otros horizontes; quiere darle vuelta a la página y dejar atrás las inercias que durante tantos años frenaron su desarrollo económico y social. Esa es la única alternativa de la que se habló ayer, destacando por parte del titular del Ejecutivo estatal el refrendo que hizo de sus principales compromisos de gobierno: saneamiento de las finanzas estatales, recuperación y mejoramiento del sistema educativo (en Michoacán, el primero de los objetivos no se entiende sin el segundo) y el desarrollo y aplicación de esquemas de seguridad pública que además de devolverle a los michoacanos la tranquilidad, permitan atraer inversiones y la generación de empleos.
Y en efecto, haciendo a un lado el escepticismo y el lugar común, resulta que Michoacán tiene que apostar porque durante los próximos años se cumplan esos tres objetivos. Porque no se trata aquí de seguir la retórica del gobernador, sino de hacer caso al sentido común que, a reserva de los condicionantes del debate político-electoral, con claridad señala el rumbo. No hay de otra, se llame el gobernador como se llame.
Si en este caso es Silvano Aureoles quien refrenda los compromisos y los mantiene como sus principales banderas, confiemos que cumplirá; apoyemos para que así sea, y exijamos como sociedad que no se desvíe del camino.
Esa es la parte de la democracia que en México, en general, no hemos aprendido ni entendido. Nos ganan la desconfianza y las ansias por la descalificación.
Ya no se diga la necedad, que es también ignorancia y fuente de polarización y confrontación. Otros escollos que habrá que superar.
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