Por Alejandro Báez

Neoliberalismo y Populismo

Cito al periodista polaco Maciek Wisniewski, quien el 29 de julio de 2016, en La Jornada, publicó un artículo sobre el neoliberalismo:

El neoliberalismo nació como un proyecto de clase (David Harvey dixit [en su libro A Brief History Neoliberalism]). Un proyecto de clases altas que ante la caída de los niveles de ganancia desde las décadas de los 60 y 70 querían suprimir a los trabajadores y revertir esta tendencia desmantelando todo lo colectivo y social organizado.

Desde sus inicios fue una guerra de clases desde arriba. Para tapar su verdadera naturaleza se ideó toda una campaña de simulaciones ideológicas. Los neoliberales, como los nuevos conquistadores del mercado de los que escribía alguna vez John Berger –que son básicamente los mismos–, invertían los signos y falseaban las direcciones para confundir a la gente (Hold everything dear, 2008, p. 122).

Las divisiones de clases y su lucha ya son cosas del pasado, decían; “las únicas divisiones que importan ahora son las identitarias”. Así –secundados intelectualmente por algunos postmarxistas– buscaban despolitizar lo público y dejar a los trabajadores confundidos y aferrados a las únicas identidades disponibles: étnica, nacional y religiosa.

Nos damos cuenta que el objetivo de este sistema político-económico, siguiendo al periodista y analista polaco Maciek Wisniewski, es oprimir al pueblo y más al trabajador. De allí que, desde los años 80, cuando en Estados Unidos, en Inglaterra y en el Vaticano reinaban, respectivamente, Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II, los pasos para finalizar la guerra fría se empezaron a dar, más en lo político y económico que en lo social.

Fenómenos como el sindicato de Solidaridad, en Polonia; la Perestroika y la Glásnot, en la ex Unión Soviética, o la descentralización de paraestatales en México no son casos aislados. Todos formaron parte del inicio del neoliberalismo en el mundo.

En México, el artífice de la entrada de este sistema político-económico fue Carlos Salinas de Gortari, desde que fue secretario de Programación y Presupuesto, en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) y después reforzado durante su gobierno como presidente de 1988 a 1994, con proyectos como Solidaridad, que lo mismo daba despensas a los menesterosos y marginados del país que podían votar, pues a los pobres “ni se les ve ni se les oye” que construía carreteras o la negociación y entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLC o NAFTA, por sus siglas en inglés).

¿Quiénes se vieron beneficiados? Entre otros muchos, los banqueros y empresarios. Jamás el pueblo. Es el momento en que saltan a la esfera pública los nombres de, por ejemplo, Carlos Slim, al comprar Teléfonos de México (Telmex) o Roberto Hernández Ramírez y Alfredo Harp Helú, quienes se convierten en dueños de Banamex en 1991 (aunque en 2001 lo venden a Citigroup).

México pasó, de tener gobiernos revolucionarios, por lo menos de nombre, hasta el sexenio de José López Portillo y Rojas (1976-1982) a gobiernos tecnócratas desde Miguel de la Madrid hasta la fecha. De tener México un proyecto sexenal con claros tintes populistas pasamos a rendirles pleitesía a organismos rectores internacionales tales como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

De allí, entre otras muchas cosas, nuestro actual y fracasado sistema educativo pensado en competencias y no en habilidades, donde lo más importante para la SEP es que todos los alumnos, sin importar su desarrollo o su aprendizaje, acrediten la primaria o se titulen en la universidad ya sin hacer tesis, con lo que desaparece la investigación y la innovación en México, reduciendo los gastos en el sector educativo, por innecesarios. La crisis de la Coordinadora Nacional de Trabadores de la Educación es junto con pegado.

México perdió paso y fondo desde los años 80 del siglo pasado en lo económico y social para sumarse a la orquesta mundial pero sin proyecto de nación. Le ha sido más fácil venderse que proponer. Le ha sido más fácil polarizar que crear. Le ha sido más fácil matar y reprimir que educar. Le ha sido más fácil transar y corromper que crecer y forjar. Le ha sido más fácil pedir perdón que democratizarse.

Por eso, cuando Carlos Salinas de Gortari solicita que México abandone el neoliberalismo y el populismo como herramientas políticas, yo no entiendo nada de nada. Viva el cinismo de nuestros políticos.

Pero esto es solo mi opinión…

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