Un fantasma recorre Norteamérica: el fantasma de que Donald Trump será el próximo presidente de Estados Unidos. El fantasma de la política-espectáculo, de la sinrazón, del morbo y la rabieta por sobre el realismo.

Y un fantasma recorre México: el fantasma de que el país no tiene idea cómo paliar un posible nuevo escenario adverso en la relación con los gringos.

México tiene un intercambio de más de 20 mil millones de dólares anuales con Estados Unidos; con nuestro segundo socio comercial, Japón, apenas un 3% de esa cifra. En otras palabras: si Trump decide intervenir las relaciones económicas bilaterales, aún en una escala menor, nuestros problemas podrían ser mayúsculos.

Y cada vez son más las voces que aseguran que Donald Trump será el próximo mandatario.

Pero si vemos que México –es decir, Enrique Peña Nieto– ya está reaccionando tarde, el asunto no pinta bien.

Sucede que Peña Nieto aún no hace lo que debió hacer hace meses, que es tomar los resguardos necesarios ante lo que pudiera ocurrir –léase Trump o cualquier otra circunstancia que cambiara el paradigma interno de nuestro vecino del norte– en la relación bilateral. Y esos resguardos, cualquier economista lo entiende, pasaban necesariamente por estrechar las relaciones con China, la próxima mayor economía del mundo y que en este momento ni siquiera está entre los 10 mayores socios comerciales de México.

Pero la relación con China permanece deteriorada de fondo tras la abrupta cancelación del proyecto del tren México – Querétaro, ocurrida a principios de este año. ¿El motivo de la cancelación? Las sospechas sobre el conflicto de interés entre el presidente y el Grupo Higa por la Casa Blanca. Grupo Higa –oh, feliz coincidencia– era el socio de los chinos para este proyecto en México.

Y cuando se cayó el negocio con Higa se le cayó el negocio a los chinos.

La consecuencia fue grave. La cancelación del proyecto México – Querétaro fue calificada por la Comisión Nacional Para la Reforma y el Desarrollo de China como “inesperada”. Horas más tarde la estatal Railway Construction Corporation Limited (CRCC) se dijo “extraordinariamente impactada por la decisión”: resulta que China, que desde hace décadas prepara el terreno para el desembarco comercial de sus propias empresas en todo el mundo, concebía a esa vía en México como el desembarco definitivo en América Latina. Tras la revocación, las acciones de CRCC cayeron un 7%. Y les dolió.

Pero el presidente no prevé. Por el contrario, estorba. Hoy en el exterior Peña Nieto está lejos de ser considerado un líder verdadero; o lo que es lo mismo: México está lejos de ser un país confiable. Tras el lío con Grupo Higa la señal a los chinos, y al mundo, fue clara: todos los proyectos de inversión extranjeros en México podrán caer en cualquier momento por externalidades, por variables exógenas, por asuntos internos o lisa y llanamente por la ineptitud del presidente.

Fue lo que ocurrió: la ineptitud presidencial. Y ahora quizá se viene un vendaval y México parece que ni siquiera sabe por dónde capearlo.

Otro regalo de Peña Nieto.

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