Río de Janeiro, Brasil.– Comienza como un pequeño arroyuelo, puro y fresco, limpio y potable, oculto bajo el follaje de las selvas de la montaña que rodean Río de Janeiro.

Luego de kilómetro y medio de serpentear, aún lo suficientemente angosto para cruzarlo de un brinco, llega a la parte alta de los suburbios de Río de Janeiro, desordenados y densos, con mares de ladrillos y concreto, y vecindades en estados contrastantes de abandono y construcción.

Durante 32 kilómetros, anchándose en el proceso, el Río Sarapuí recibe agua de las afluentes junto con el desperdicio no tratado y basura no deseada de millones que viven a lo largo de su camino.

Más de 50 ríos y arroyos desembocan en Bahía Guanabara. El Río Sarapuí proporciona apenas el 10 por ciento del agua dulce que desemboca en la bahía — ninguna se filtra para eliminar la basura y drenaje que viene de río arriba.

Precisamente en la Bahía de Guanabara se efectuará la competencia de vela en las próximas Olimpiadas y las autoridades tanto de Río de Janeiro como de los propios Juegos han mostrado preocupación por el nivel de contaminación de las aguas.

Son ríos como el Río Sarapuí que han convertido la pintoresca Bahía Guanabara de ser digna de fotos para postales a ser fuente de envenenamiento. Son ríos como el Río Sarapuí, y la gente que vive a sus lados, que tienen a la vez nada y todo que ver con las Olimpiadas de Verano.

INT1269474a722274c_0

Gran parte de la propuesta de Río para ganar la oportunidad de ser sede de las Olimpiadas fue un plan para capturar y tratar el 80 por ciento del drenaje que llega a Bahía Guanabara, algo que los organizadores reconocen que no va a pasar —ciertamente no para agosto, si acaso alguna vez sucede.

Durante los últimos dos años, aquellos que están entrenando en sus aguas para las Olimpiadas han reportado condiciones de putrefacción y de basura flotando, captando la atención mundial con sus historias y sus impactantes fotos del agua contaminada. Algunos han tratado sin éxito de reubicar o posponer las competencias de velero y otros eventos en agua, como las de remo, triatlón y maratón de natación.

Sin embargo los atletas y visitantes internacionales llegarán y se irán. El problema es para los cerca de nueve millones de personas que viven alrededor de Bahía Guanabara. Cerca de la mitad no tienen algún servicio de recolección de basura o similar.

“La gente se para en la orilla de la bahía, mirándola y diciendo: “Ay, la bahía está tan sucia. La bahía está contaminada”, comenta Paulo Rossman, profesor de oceanografía e ingeniería costera en la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Espera, gira 180 grados ¡Ahí está el problema! No es la bahía. La bahía es sólo la consecuencia”.

La Bahía de Guanabara fue descubierta por exploradores portugueses el primero de enero de 1502. Los problemas de contaminación son relativamente nuevos, y comenzaron debido a las refinerías de petróleo de los años 50. Los problemas de la actualidad son atribuidos principalmente al crecimiento poco supervisado durante las dos generaciones pasadas, los cuales incluyen las favelas o barrios populares. El Saneamiento y cualquier otro tipo de infraestructura simplemente no pudieron crecer al mismo ritmo.

Ahora, la tarea de construir sistemas de drenaje y suministro de agua, que conecten a todas las casa con tubos que abastezcan de agua limpia y lleven los desechos a una planta tratadora, es extremadamente demandante, tanto logística como financieramente.

Las primeras personas que encontraron el Río Sarapuí, ubicado en el barrio de nombre Senador Camará, lo llamaron “agua de cascada” y llenaron botellas de plástico con su agua. Nadie lo llama Sarapuí todavía. Es más pequeño que un canal ordinario y en apenas un par de cuadras, la casas tiran desechos y basura en él.

Río Sarapuí

Un par de millas corriente abajo, en el barrio de clase media de Bangu, Marcio José do Nascimento es un recolector de desperdicios, al cual los vecinos le pagan para que recoja escombro y basura dejados en sus puertas. La mayoría de este material está amontonada en el patio de la casa de José, ubicada a la orilla del río.

“No te voy a mentir” dice José mientras está parado sin camiseta en la orilla del río detrás de una gran cantidad de casas construidas unas sobre otras. “Tiramos todo donde podemos”.

Terezinha Parangaba, una habitante del barrio de Bangu, aseguró: “Cuando era niña, solía atrapar peces en el río con una botella de agua para conservarlos como mascotas”.

Eso fue cambiando conforme el vecindario creció más densamente y el agua comenzó a llegar contaminada de los desechos vertidos río arriba.

“La gente simplemente no se acostumbra a ello”, dice Andreia de Araújo Menezes, otra antigua residente del lugar. “Los niños no conocen esto como un río, lo conocen como un tiradero de basura. Lo que llega a la Bahía se desecha aquí.

Fuente: DiarioMX.


Discover more from Primera Plana MX

Subscribe to get the latest posts sent to your email.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí