EL CÍRCULO DE LA VIOLENCIA

Dante Alighieri, en su inmortal obra, La divina comedia, deja los últimos tres círculos del infierno a lo que él consideraba lo más execrable de la sociedad: los violentos en el séptimo círculo, los fraudulentos, en el octavo y, en el último, el noveno, a los traidores.

Si hiciéramos un paralelismo forzado entre la situación actual de México y los habitantes de estos postreros círculos infernales, encontraríamos a toda una fauna variopinta de personajes, famosos y no, populares y desconocidos, mediáticos y oscuros habitando esos recintos de dolor.

Ciertamente, los políticos y funcionarios mexicanos tendrían su hábitat en el octavo y en el noveno círculo, el de los generadores de fraudes y en el de los traidores. Pero el círculo que estaría sobresaturado sería el séptimo, el de la violencia.

De hecho, más de un personaje tendría la triple residencia por violento, fraudulento y traidor.

México es y ha sido un país violento. No es coincidencia el nombre del libro-ensayo del periodista estadounidense John Kenneth Turner, dedicado a dar a conocer en los Estados Unidos los acontecimientos que se daban en México a principios del siglo XX, describiendo la esclavitud humana que se practicaba durante el gobierno de Porfirio Díaz en lugares como Yucatán y Valle Nacional: el título es México bárbaro, editado en 1911.

Mis abuelos hablaban de la violencia de la Revolución y la Guerra Cristera; mis padres, de la violencia de los años sesenta y setenta. Yo recuerdo la violencia de la década de los 80, vivida en carne propia. Los últimos 25 años serán recordados como el disparo estadístico de la violencia social, tanto del gobierno contra la población como la del crimen organizado y el narcotráfico contra el pueblo.

Y si repasamos la historia nacional, veremos que la violencia es histórica. Desde las guerras floridas hasta las guerras de liberales y conservadores. Desde la explotación del indígena en las minas hasta el exterminio de las guerrillas urbanas, como la Liga 23 de Septiembre o el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo-Partido de los Pobres (PROCUP-PdlP). Desde las asonadas decimonónicas hasta los daños colaterales de Felipe Calderón. Desde las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez y Michoacán y otras tantas entidades hasta la criminalización y combate a los inmigrantes que usan a La Bestia para llegar a los Estados Unidos. Desde los periodistas asesinados en Veracruz hasta la impunidad política de Enrique Peña Nieto y su corte de ilusos.

Todo es violencia.

Por eso, tristemente, no nos extraña ya la violencia en el país. Estamos tan acostumbrados a ella que somos inmunes y eso nos deshumaniza.

Qué nos puede interesar que en Michoacán no haya registro del 93.6% de delitos que se comenten. Esto es síndrome nacional: si no se nombra, si no se dice, entonces no ocurre y todos con la conciencia tranquila.

Qué nos puede interesar ya que el edil de Pungarabato (Ciudad Altamirano, Guerreo) haya sido asesinado el domingo 24 de julio en los límites de su estado y Michoacán en una emboscada en la carretera que une su municipio con Huetamo.

Qué nos puede interesar ya que en la carretera Morelia-Mil Cumbres se encontrar un automóvil abandonado con placas de Guanajuato y en la cajuela del mismo a un joven muerto, con señales de tortura el mismo domingo 24.

Qué nos importa que hayan asesinado a sangre fría, tiro de gracia incluido, al alcalde de San Juan Chamula, en Chiapas, el sábado 23 de julio.

México, en lugar de ponderar la letra X como emblema, debe de usar la V de violencia.

Pero esto es solo mi opinión.

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