Se suponía que acarrearían el bienestar general. No resultó. O al menos, hasta ahora, eso dicen las cifras.
Las reformas estructurales se vendieron con la promesa de que impulsarían todos los niveles de la economía, bajarían los precios, aumentarían el poder adquisitivo, mejorarían el salario y atacarían las causas estructurales que generan la violencia.
Pero los números no cuadran.
Los datos: según la Cepal, entre 2008 y 2014 el nivel de pobreza en México creció 2.9 por ciento, apenas un poco mejor que un país en crisis permanente como Venezuela; el crecimiento económico que no supera el 2.5% anual; el dólar pasó de menos de 13 pesos a 19, es decir, la moneda mexicana se depreció casi 50%; y permanentemente hay nuevas alzas a combustibles, predial, agua y tarifas eléctricas.
Más aún, los propios especialistas del régimen priísta como Jesús Alberto Cano, director general de Sociedad Hipotecaria Federal, admiten que “las expectativas económicas para México se ocultan y nos resulta difícil transparentar lo que aún está por ocurrir”.
Además la Reforma Educativa, que partió bien, hoy parece tener un futuro cuando menos incierto y estar en manos de un gobierno temeroso, que ya calcula la manera adecuada de superar el tema sin dejar demasiados daños en el camino.
Por si eso no bastara, un reporte de hoy del periódico Sin Embargo exhibe que “el número de alcaldes asesinados durante el periodo del ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa alcanzó los 38, y con las dos ejecuciones de este fin de semana ya son 16 en la administración de Enrique Peña Nieto”. Es decir, la violencia política contra los ediles podría alcanzar con Peña Nieto los mismos índices que con Calderón, con la diferencia de que el segundo declaró en su momento una guerra abierta contra los cárteles.
Los analistas agudos saben que cada vez que se plantea un cambio estructural en la economía de un país, hay damnificados. Lo que justifica a esos damnificados, supuestamente transitorios, es que a la larga esos mismos cambios terminarán por favorecer a todos. Y ese supuesto beneficio se sustenta en los índices macroeconómicos.
Pero hasta ahora, tras 4 años, ningún índice macroeconómico parece dar la razón al Presidente.
¿Qué le pasó al presidente Peña Nieto? ¿Qué le pasó a la promesa de insertar a México en el Primer Mundo?







