Como si no tuviéramos problemas y preocupaciones en el país, ayer cuando Donald Trump se alzó como candidato a la Casa Blanca por el Partido Republicano, en su primer discurso reiteró las amenazas y advertencias a México y los mexicanos, vivan allá o vivamos acá.

Lo más grave es que sus probabilidades de triunfo en los comicios del próximo 8 de noviembre crecen y crecen. Las reconocen ya hasta sus más acérrimos críticos y detractores, como el cineasta Michael Moore: sí, la posibilidad de que el magnate gane no son altas… ¡son altísimas!

Construcción del muro a lo largo de la frontera con nuestro país, reforzamiento de fronteras y de las acciones contra la inmigración que ha provocado “el caos y la alta criminalidad” en Estados Unidos, son parte del xenófobo discurso de Trump, quien –eso preocupan aun más– entusiasma a millones de estadounidenses con su credo: “americanismo sí, globalismo no”.

Por eso dice que llegada su hora en la Casa Blanca, llamará a la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Y si, preocupa que sean millones a los que entusiasma este millonario personaje, que ha hecho de la diatriba contra la inmigración el eje central de su campaña y de la exacerbación del odio hacia lo no norteamericano la línea sobre la que traza su camino a Washington.

Es el candidato de “la ley y el orden”, porque así se auto definió. Y millones lo aplauden, porque con él -según se cree- se darán duros golpes al terrorismo, a la criminalidad que provocan los ilegales que del Sur, quienes llegan a carcomer el modo de vida americano y resurgirá la economía, su economía. Su mercado, de ellos y de nadie más.

Son millones los que lo siguen y altísimas las probabilidades de que gane. Eso dicen y esa es la novedad; lo preocupante, lo alarmante para el mundo. Y más, porque es ese el discurso que empieza a trascender, a cuajar y a calar en el mundo.

Los extremismos que no se tocan. La xenofobia, la discriminación racial, el aislamiento comercial, el desprecio al inmigrante –visto ahora casi como sinónimo de terrorismo–, la fuerza y la violencia como argumento.

Una barbaridad.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx.

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