Hace falta valor
Por Alejandro Báez
A partir de la decadencia que vivió la ciudad de Nueva York entre los años 70 y 80, ésta se convirtió en una de las más peligrosas para vivir en Estados Unidos. Corrupción en todos los niveles de gobierno, violencia en las calles, impunidad gubernamental, desasosiego ciudadano y otros síntomas que a nosotros, como michoacanos nos son tristemente comunes.
Pero en 1994 entró como el 107 alcalde de NYC Rudolph Giuliani, un personaje cuya promesa de campaña fue la Cero Tolerancia a todo lo que estuviera fuera de la ley.
Durante los ocho años que estuvo frente a la ciudad de la Gran Manzana, las políticas aplicadas por Giuliani fueron contundentes. Entre otras muchas, modificó el fuero de todos los funcionarios de su administración, desde los fiscales de distrito hasta los policías, pasando por él mismo. Cualquier servidor público que fuera sospechoso, simplemente sospechoso de algún acto fuera de la ley, tenía que renunciar inmediatamente a su puesto y ponerse a disposición de la ley para ser investigado.
Ésta, entre otras muchas medidas que aplicó desde el 1 de enero de 1994 hasta el 31 de diciembre de 2001 que entregó la alcaldía, hicieron que dejara a Nueva York renovada, limpia, honesta y con credibilidad en sus instituciones públicas.
Rudolph Giuliani logró transformar la ciudad, con todo y los atentados del 11 de septiembre de 2001. Lo logró, entre otras cosas, porque tuvo el valor político de ponerse en la picota a sí mismo y a toda su gente para demostrar que nada ni nadie está por encima de las leyes, que la impunidad no debe ser moneda de cambio y la corrupción sí es combatible. Y aún hoy, en las calles de Nueva York el nombre de Rudolph Giuliani se pronuncia con un dejo de respeto y admiración.
Yo no sé si México tenga políticos de esa talla. Políticos que estén dispuestos a ponerse en la picota en aras de sus representados y de sus electores. No creo que tengan el valor…
Sin embargo, leo en los diarios que el Congreso de Jalisco, de mano de un puñado de políticos de diversos partidos (ninguno del PRD), en donde destaca el diputado independiente Pedro Kumamoto Aguilar, lograron la aprobación de la desaparición del fuero a todo funcionario estatal. Tuvieron el valor de ser congruentes con la lucha anti corrupción que tanta falta hace en este país y retirarse a sí mismo ese escudo de impunidad.
La lucha en Jalisco contra la corrupción pública aún no termina. Para que esta iniciativa se convierta en ley, además de la aprobación del Congreso estatal, necesita que 63 de los 125 presidentes municipales la voten a favor.
Jalisco dio el primer paso. ¿Alguna vez sucederá en Michoacán? Como dije antes, aquí no existen políticos que tengan ese valor.
Mientras existan funcionarios en todos los niveles de gobierno estatal de quien se diga en vox populi que están cercanos, vinculados o inmersos con el narcotráfico y el crimen organizado, por supuesto que no habrá nadie que se suba a la palestra del Congreso purépecha a hablar de fuero. Imposible.
Mientras aquí un Rodrigo Vallejo Mora camine libre e impune, mientras puedan existir otros Jesús Reyna, mientras el Congreso estatal entregue premios como la presea Melchor Ocampo a Los Hermanos Jiménez y su Arpa, reconocidos por interpretar narco corridos y su cercanía a estos grupos delictivos, mientras el estado sea rehén del vandalismo y de la criminalidad impune de la CENTE y de los normalistas; mientras el estado de Michoacán siga siendo prisionero político, militar y económico del crimen y sus funcionarios, los cómplices, jamás habrá un diputado local que tenga el valor de pararse e iniciar una verdadera lucha frontal contra la impunidad, la corrupción y la imbecilidad política.
Es motivo de alegría que Jalisco haya dado el primer paso. Ojalá culmine el proceso. Es motivo de esperanza para que otros estados como Veracruz o Tamaulipas o Guerrero o Oaxaca o Chiapas pudieran reflexionar y sumarse y hacer un verdadero frente anti corrupción e impunidad desde el sistema en sí mismo; es motivo de tristeza saber que Michoacán, mientras siga como está hoy en día, no hay condiciones ni esperanza ni nada para que se haga realidad aquí.
Falta transparencia, hace falta voluntad política. Hace falta valor. Y esta no es una cualidad que se perciba en el ámbito político estatal michoacano.
Pero esto es simplemente mi opinión…







