Destapes, destapados y suspirantes

Por Alejandro Báez

Hace varias décadas, en los años sesenta y setenta del siglo pasado, el caricaturista Abel Quezada, uno de los grandes de la viñeta periodística, inventó a un personaje que se llamaba El Tapado. Era un personaje de traje gris, saco cruzado y con una funda en la cabeza donde solo se le veían los ojos y era imposible determinar su identidad.

Este personaje lo usaba cuando era periodo de selección del candidato presidencial, especialmente del PRI, donde siempre se barajaban varios precandidatos pero la rigidez institucional del tricolor no permitía que se adelantaran a tiempos, formas y fechas.

Era un personaje El Tapado que creó historia dentro de los cartones políticos, pues la habilidad de Abel Quezada para dar la nota desde la sutileza del trazo era espléndida. Cuando murió, en 1991, se perdió un monumento del periodismo gráfico mexicano.

Todo lo anterior viene a cuenta pues Silvano Aureoles Conejo, gobernador institucional del estado de Michoacán, habló el fin de semana de no descartar ser el candidato idóneo del PRD para lanzarse a la campaña presidencial en el 2018, con lo que, una vez más, incumple su palabra puesta en juego desde su candidatura.

Cuando las elecciones gubernamentales, tuve oportunidad de entrevistar a Silvano para CB Televisión. Entre otras cosas, a pregunta expresa, él respondió que no pensaba lanzarse a “la grande”, como se le conoce en el argot a la candidatura presidencial, pues de ganar la gubernatura, él tenía un compromiso con los michoacanos hasta 2021, máxime, que el estado venía de un inestable cuatrienio donde se tuvo a tres gobernadores, Fausto Vallejo, Jesús Reyna y Salvador Jara.

Silvano Aureoles fue enfático en asumir su responsabilidad de darle estabilidad política y social a Michoacán, entre otros planes y proyectos, manteniéndose al frente de la gubernatura estatal hasta el fin de su mandato constitucional.

Ahora él mismo se destapa como el candidato pertinente del partido del Sol Azteca para tratar de llegar a Los Pinos. Y no solo eso: invita a Miguel Ángel Mancera Espinosa, gobernador de la problemática Ciudad de México, a afiliarse al PRD, pues lo considera el caballo a ganar y desea que la contienda sea justa en terreno, pues Mancera Espinosa, recordemos, es simpatizante pero no miembro formal del partido amarillo.

Por supuesto que como político es válido que tenga aspiraciones. Es parte del ser politikon. Pero lo que no cuadra es la forma en que se desdice, sobre todo, si tenemos en cuenta que Silvano, desde que era líder de la Cámara de Diputados, se ha comportado más como un priísta que como un perredista.

Son las formas, son los estilos, son los recursos, son los discursos lo que lo mimetizan entre el perredismo mesiánico y el priísmo mediático.

No olvidemos, por ejemplo, en este sentido, que mientras que el PRD de Guerrero, de la Ciudad de México y de otras entidades se ha pronunciado a favor de los maestros y de su lucha, Aureoles Conejo condenó el movimiento magisterial en Michoacán, allegándose una serie de comentarios, algunos públicos, otros al interior del PRD, sobre la postura política del gobernador michoacano y el partido que supuestamente lo abandera.

En este mismo sentido, cuando la campaña de Silvano, los anuncios que lo ponían sonriente en la mira de todos, a lo largo y ancho de las vialidades de la entidad, el color de fondo no fue amarillo, sino rosa, magenta, verde y azul. Su respuesta a este tenor fue que quería representar a todos los michoacanos y ser el candidato de unidad más que de un solo partido. La lectura de politólogos y analistas fue la evidente ruptura interna entre Silvano y las tribus perredistas, en ese entonces comandadas por los Chuchos, con Carlos Navarrete Ruiz, al frente del Comité Ejecutivo Nacional, pues no es sorpresa ni secreto para nadie que Aureoles Conejo llegó a la gubernatura michoacana gracias a la amistad y al apoyo que tiene y que se ha refrendado con diferentes visitas del presidente Enrique Peña Nieto al estado.

Antes, su compromiso era Michoacán, ahora su aspiración es México. Antes deseaba terminar su mandato en 2021 y ahora espera poder abanderar a algún partido, quizá en unidad con Morena o algún otro, por la carrera hacia Los Pinos en 2018.

No podemos olvidar que históricamente el presidente de la República, durante la dictablanda del PRI, era el encargado de elegir a su sucesor; sólo que ponía a varios en la carrera para dar a entender un sabor de democracia que era parte del juego fársico. Era el famoso Dedazo. Desde la caída del PRI en 2000 y tras su recuperación en 2012, las reglas han cambiado un tanto, sin embargo no es descartable que Enrique Peña Nieto o su equipo proponga a un candidato tanto en el seno del PRI como al interior de otros partidos, para poder seguir teniendo certezas y aliados electorales.

Silvano Aureoles Conejo no puede desprenderse de la vieja tradición priísta que lo cobija y lo promueve. Sea por autodedazo o por bendición presidencial o por mera aspiración personal, pero ya es un tapado a la carrera de 2018.

Una vez más, su palabra se ve comprometida con sus acciones, al más viejo estilo dinosaurio priísta.

Pero esto es solo mi opinión.

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