Un nuevo flanco abrió la Federación respecto de la Reforma Educativa: ahora el SNTE, históricamente obediente –por convicción o conveniencia–, le entra al tema. Se trata de una última jugada del gobierno, quien ve en ese sindicato una manera digna de concliliar posiciones con los maestros sin parecer que cede ante la CNTE.
La apuesta es verosímil, pero arriesgada. A la vez, da cuenta de las improvisaciones que abundan en la gestión federal. Al fin y al cabo se trata de guardar las apariencias, pero también se trata de una de las últimas cartas para intentar salvar la Reforma Educativa.
El gobierno partió mal, y aliarse con el Sindicato es la única vía que le queda para intentar resolver lo que no resolvió antes. El problema inició cuando la federación le “regaló” a la CNTE 8 muertos en Nochixtlán –y así, políticamente, le dio un respiro–, y se ahondó cuando el propio Osorio Chong aceptó sentarse a parlamentar con los mismos líderes magisteriales que avalaron saqueos, bloqueos, caos social y hasta grupos armados en sus marchas. Con una buena labor de inteligencia –y la Federación, lo ha demostrado, tiene dinero de sobra para gastar en algunas cosas– no habrían sido necesarias las 8 lamentables muertes en Oaxaca; con una buena planificación no habría sido necesario que algún líder magisterial se sentara en la misma mesa con el político más importante del país después del Presidente.
En rigor el Sindicato, básicamente, que la Reforma Educativa cumpla lo que se prometió y que los despidos no sean arbitrarios o injustos. Nada del otro mundo. Aurelio Nuño se comprometió a atender sus demandas y resolverlas a la brevedad. Esa, seguramente calculan en el gobierno, será la prueba de que la federación es flexible y que se toma en cuenta a los maestros. La ganancia para el SNTE se verá en el futuro.
La ecuación sería perfecta a no ser por un factor: la respuesta de la Coordinadora. La CNTE ya está desbordada y abiertamente en pie de guerra, y poco que queda por perder. Ante la guerra abierta declarada por la CNTE, la Federación suma a su histórico aliado, pero lo más seguro es que en adelante el conflicto maestros v/s gobierno ahora se traslade a la ecuación maestros v/s maestros v/s gobierno. O en otras palabras, enredar aún más lo que ya está enredado.
Pero ahora, las erráticas señales –que son una marca registrada del gobierno de Peña Nieto– parecen dejar cada vez más al borde del abismo todo el plan reformista. Y esto recién empieza. A ver cómo acaba la historia.







