El reparto agrario en México duró 70 años, de 1920, al terminar la Revolución Mexicana y de la mano de Álvaro Obregón, hasta la modificación del artículo 27 constitucional, en tiempos de Carlos Salinas de Gortari.

Durante estas siete décadas, el país se repartió tantas veces que, según estadísticas, fueron necesarios como seis territorios nacionales para darle cabida a tanta tierra en manos de campesinos y ejidatarios.

Lo triste, es que el reparto agrario y en general todo lo relativo al agro, ha sido un fracaso histórico en México. Tan así que, en 1952, Juan Rulfo publicó su primer libro, El llano en llamas en donde existe un cuento titulado “Nos han dado la tierra”, que es una dura crítica al reparto agrario pues a un grupo de campesinos les dan una tierra yerta, muerta, imposibilitada de sembrar nada; y cuando reclaman al delegado, este les dice, mutatis mutandis, que para qué se quejan, si ellos querían tierra y el Estado ya les dio la tierra. Es un lamento literario que refleja, desde el pasado, la situación del campo mexicano.

Ya no se hace reparto agrario pues los ideales de Emiliano Zapata quedaron esfumados. La tierra ya no es de quien la trabaja sino de capitalistas, neo latifundistas que la usufructúan a los campesinos y ejidatarios para su explotación.

Es terrible el contraste, por ejemplo, en Chihuahua, de la zona agrícola ejidal comparada con la zona agrícola menonita. Las una, pobre y tristemente sembrada de maíz enano y la otra, con sistemas de riego de primer mundo, grandes tractores, vacas gordas y campos sembrados como de películas.

Por eso, cuando el presidente de la república, Enrique Peña Nieto, viene a Michoacán a entregar tractores a los campesinos, el sospechosismo se hace inevitable. Como siempre, las acciones gubernamentales son más de relumbrón y con enormes tintes electorales, populista (por mucho que el propio Peña Nieto dijera en Vancouver, frente a sus homólogos canadiense y estadunidense que su gobierno no es populista, provocando la respuesta de Obama y de las redes sociales) y asistencialistas que cambios o beneficios de fondo.

De entrada, el enorme aparato de seguridad en torno al evento, en donde solo quienes estaban en la lista de invitados, sean por formar parte del gabinete peñista, del gabinete de Silvano o los interfectos que iban a recibir sus tractores (¿quiénes son? ¿Bajo qué criterios se les entrega a ellos y no a otros? ¿Dónde está la transparencia necesaria para democratizar el evento..?) eran quienes podían entrar. Tan así que Alfonso Martínez Alcázar, presidente municipal de Morelia, no pudo acceder por más que presentó sus credenciales de funcionario público. Lo que convierte la entrega de tractores en un clásico charolazo priísta; y no olvidemos que Silvano Aureoles Conejo, por mucho que llegó con la infraestructura del PRD a la gubernatura de Michoacán, funciona y reacciona, desde que estaba en el senado de la República, como un miembro más del Revolucionario Institucional.

Por otra parte, uno debe de preguntarse y preguntarle al presidente Peña Nieto y a Silvano Aureoles, de qué sirve entregar tractores si el campesino mexicano no va a tener para sostenerlo. La crisis del agro se traduce no solo en la incapacidad de comprar semilla, abono, agua de riego; también en diésel y refacciones para la tecnología mínima necesaria para el barbecho, la siembra y la cosecha.

¿Para qué entregar tractores si estos van a terminar abandonados y como cagadero de gallos? O peor, ¿se entregan tractores en un agro, como el michoacano, donde el aguacate está en extremo caro por su baja producción y en cambio cerca del 60% del campo está destinado a la siembra de estupefacientes?

Las contradicciones son evidentes. Las necedades de querer tapar el sol con un dedo son hasta necias. En lugar de empoderar al campo y al campesino, el ogro filantrópico de papá gobierno suelta a manos llenas con tan de tener a sus subalternos y súbditos contentos, por lo menos por un rato.

Pero como dicen los personajes de “Y nos dieron la tierra” de Juan Rulfo, haciendo paralelismo a la entrega de tractores, “¿y para qué los queremos si no sabemos qué hacer con ellos?”

Pero esto es solo mi opinión…

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí