De un lado se escuchan y se leen las alabanzas, auténticos cantares que ven en la movilización de la CNTE y grupos afines el inicio de la insurrección de todos los pueblos; la “revolución” los llama y su imaginación enardece. Del otro, los discursos insustanciales como el del secretario de Educación, Aurelio Nuño Mayer, quien ayer realmente se despertó queriendo ser el bufón de la fiesta: “la reforma educativa no es el problema, sino la solución”.

El caso es que unos y otros tienen a miles en las calles atizando el fuego y desquiciando la vida de millones. En resumidas cuentas y fuera de rollos “revolucionarios” y vacuos mensajes de autoridad, esa es la situación que hoy tiene en el hartazgo a la mayoría en el país, o por lo menos a la mayoría de los habitantes de Oaxaca, Chiapas, Ciudad de México, Michoacán y Guerrero.

Hartazgo que crece por el riesgo de la violencia. Escenario que la mayoría no quiere. Y menos por un conflicto que escaló azuzado por minorías radicales y revolucionarios de café, por un lado, y por el otro la incompetencia de un sector del gobierno proclive a la provocación y que sin mayor tacto ni cuidado de la ley y las instituciones que está obligado a proteger, un día dice una cosa y al siguiente cambia de parecer.

Y sí, los que somos mayoría no queremos la violencia, que de violencia estamos hartos.

Es de esperarse que así lo entiendan los que nuevamente ayer se encontraron en la Secretaria de Gobernación, ahora para intercambiar propuestas y prometer volverse a reunir el lunes próximo. Dijeron que en aras de encontrar solución al conflicto.

Que así sea, hay que confiar. Y que sus propuestas pasen por el reconocimiento del interés de la mayoría. Ese sí que sería un avance.

!Ah! Y a ver qué dicen las bases. México a la expectativa de su “iluminación”. Ni hablar. Así estamos.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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