Si se cumple la versión que desde ayer empezó a difundirse en algunos medios informativos de Ciudad de México, Alejandra Barrales llegará pasado mañana al Consejo Nacional del PRD con más del 65 por ciento de los votos de los consejeros que habrán de elegir al remplazo de Agustín Basave en la Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRD.
Ante esta versión, no faltó quien ya dio por un hecho que la secretaria de Educación en Ciudad de México se perfila como la que mayor consenso reúne entre todos los que se han mencionado como probables relevos de Basave y que su ascensión sólo espera a que llegue el sábado para los perredistas.
Otra especie tomó forma: el jefe de Gobierno de la capital del país, Miguel Ángel Mancera, en pacto con las corrientes que postularían a Barrales, se haría del control del partido y con ello, reforzaría sus públicas aspiraciones de ser el candidato presidencial del sol azteca en los comicios de 2018.
Las corrientes (o tribus en el argot perredista) que irían en esta opción son ADN, Vanguardia Progresista, Patria Digna, IDN, Frente de Izquierda Democrática y, ¡sorpresa!, un sector del Foro Nuevo Sol.
Mancera, incluso, se apresuró a decir que su colaboradora cumple los requisitos y el perfil para encabezar al partido en estos meses que siguen, cruciales, para organizarlo y reanimarlo rumbo a la presidencial del 18.
A todo esto que se lee demasiado planchado, le hace falta sin embargo un factor, ¡importantísimo!, si, el factor que se llama Nueva Izquierda y que, contra lo que se diga, mantiene pesos definitorios al interior del PRD y cuyo margen de maniobra, negociación y convencimiento no se ha perdido.
Quienes conocen las entrañas del perredismo nos aseguran, incluso, que ese peso y poder sigue intacto. Así que quienes crean que la sesión del sábado del Consejo Nacional será un día de campo, con votos planchados y pactos inamovibles se equivocan. Y como del plato a la boca se cae la sopa, citan, recomiendan prudencia a los que ya se creen con el triunfo en la bolsa. Podrían salir con su tristísimo 7-0 a cuestas.
Los Chuchos, Ortega y Zambrano, hacen su trabajo. Y una cosa tienen todos claro: difícilmente soltarán las riendas del partido. Menos ahora que lo que está en juego es, ni más ni menos, que su participación y rumbo en el 2018 y la definición de la candidatura presidencial.
Nada está seguro, pues. Y no hay votos planchados. Ni Presidencia del CEN ni mucho menos candidatura tan anticipada.
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