Y se acabó la Copa América, un torneo que –como pocas veces antes– parecía hecho a la medida de la selección de México.
Atrás quedaron las ilusiones de millones. Atrás el histórico revés sufrido ante el equipo que a la larga sería campeón; atrás las discusiones de si el torneo era válido o un adorno, que si valía o no valía, que el ganador jugaba o no la Confederaciones. Atrás, también, el lamento por la derrota. Es la hora del análisis.
La selección mexicana debe reordenarse. No en la interna, donde ya existe un equipo más o menos afiatado al cual, acaso, haya que hacerle algunas pocas modificaciones propias de la dinámica deportiva. La materia prima, y de la buena, ya está. El ordenamiento debe venir por el lado dirigencial: convencer a los jugadores, a sí mismos y a los propios mexicanos que si el tri quiere saltar de una vez a las grandes ligas debe olvidarse de la Concacaf y apuntar al sur.
Sucede que México y Estados Unidos, los dos representantes más dignos de la Concacaf, se fueron goleados para la casa. Vapuleados. A México, Chile le metió siete; Argentina a Estados Unidos, cuatro. Chile fue el campeón, pero eso es anecdótico; el tema es que se trataba, básicamente, de las dos mejores selecciones de esta parte del mundo contra las dos más sólidas del momento en Sudamérica. De ese tamaño es la diferencia actual entre un fútbol y otro.
Si se quiere apuntar a largo plazo, si México quiere instalarse de verdad en la elite del fútbol mundial (Chile, una selección hasta hace poco de tercera categoría, demostró que sí es posible), hay que apuntar a jugar de manera frecuente y sistemática con los sudamericanos. Debe hacerse costumbre ganar, perder o empatar frente a Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Colombia. Debe perderse la ingenuidad, aprender a levantar la cabeza cuando hace falta y entender que en la cancha no todo es cuestión de tácticas y despliegues, sino también de mañas: en eso los sudamericanos son especialistas. Debe dejarse de priorizar el aspecto económico que otorgan los enfrentamientos contra Estados Unidos y privilegiar, por fin, el aspecto deportivo. Seguramente vendrán nuevas goleadas en contra, seguramente habrá crisis esporádicas. No importa: el camino para México no vendrá desde nuestros vecinos del norte; el camino para México vendrá por el sur.







