El movimiento magisterial y los constantes choques y enfrentamientos que se registran por los bloqueos a carreteras, avenidas, vías de ferrocarril y afectaciones a edificios públicos, cobró este domingo sus primeras víctimas fatales. Seis personas murieron en el municipio de Nochixtlan, Oaxaca, en tanto que se reportaban anoche 53 civiles lesionados, 55 policías heridos -ocho de bala- y 21 detenidos.

Los hechos ocurrieron cuando elementos de las policías federal y estatal pretendieron desalojar el bloqueo que integrantes de la CNTE mantenían sobre la carretera Oaxaca-Cuacnopalan. Los bloqueos a esta carretera sumaban siete días y la intervención policiaca se ordenó por las contantes peticiones de las poblaciones y sectores comerciales afectados, según el informe que ofreció el comisionado nacional de seguridad pública, Enrique Galindo Ceballos.

Las movilizaciones del magisterio aglutinado en la CNTE escalaron ya a niveles de violencia que puede salirse del control, tanto de los dirigentes que encabezan las protestas como del gobierno y sus corporaciones de seguridad y fuerza pública. Es un hecho incuestionable -los propios líderes centistas lo han dicho- que “otros grupos” ajenos a la coordinadora y que siempre van al choque y al enfrentamiento, hicieron su aparición y con fines que van más allá de las protestas contra la reforma educativa y se treparon en su movimiento.

Fueron “provocadores”, dicen en la CNTE cada que se reportan daños en edificios públicos y privados durante sus marchas, bloqueos y plantones. Pero, ¿y quién les dio entrada? ¿Quién los solapa? ¿Quién los encubre? Incluso habría que preguntar: ¿Quién los financia?

Porque este domingo, “los provocadores” y desestabilizadores -según los reportes oficiales que incluso deslindan al magisterio- prendieron la mecha que hizo estallar un auténtico enfrentamiento con uso de armas de fuego en Nochixtlan, con el saldo descrito de los seis mineros y más de cien heridos, algunos de gravedad.

Entre la confusión y la desazón que generan este tipo de acontecimientos en el país, no queda más que advertir del riesgo inminente que se asoma, pues el movimiento magisterial puede convertirse -sino es que ya se convirtió en estados como Oaxaca y Chiapas- en terreno de cultivo para la entrada en acción de grupos de civiles armados que pretendan hacer y crecer base contra objetivos del gobierno federal o de los gobiernos estatales.

Los días que siguen serán cruciales, tanto para la CNTE como para el gobierno. Y no queda mas que esperar y exigir que se ponga un alto a la violencia y un freno a los violentos embozados.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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