Redacción
Santa Clara del Cobre, Michoacán.- El día está nublado, como si el clima estuviera de acuerdo con “La Tarasca”, esos hombres que cada año salen a las calles de Santa Clara del Cobre, cubriendo sus rostros con máscaras vistosas y con ropas viejas y sucias.
Ellos, esperan que llueva, a cántaros, para que sean “bautizados”, pero si no, esperan el agua que la gente les arroja cuando pasan por las casas, o de la pipa que los espera en la plaza principal; ellos, quieren ser aceptados por la población.
Cuenta la leyenda que durante el Jueves de Corpus se realizaban bautizos en el pueblo, pero hubo una mujer, un capataz y algunos trabajadores de una hacienda que no bajaron al pueblo a recibir el sacramento, sino hasta ocho días después, pero los frailes les negaron el bautismo y eso ocasionó el rechazo de la gente y dicen que eso los volvió locos, por lo que pedían a la gente los bañara con agua simulando el bautismo.
“La Tarasca”, inicia su recorrido esperando a la “maringuía”, que sale de una de las casas del pueblo, la reciben con un simple sonido “rrrruuuuurrrr”; y el “amo” que simboliza al capataz, le da el brazo para caminar y empiezan a bailar al son de la música tradicional michoacana.
La gente los mira con expectación y miedo, ya que los amos menores, controlan a los tarascos con látigos hechos de cola de vaca o de toro; así, a latigazos controlan la masa de máscaras que se mueven y brincan por las calles.
Se le nombra “La Octava” porque salen ocho días después del Jueves de Corpus, y decían que muchos años atrás, quizá siglos, La Tarasca asustaba a la gente.
Los golpes, retumban y salpican el agua que queda en sus trajes; a cada integrante lo reciben con un latigazo y durante su recorrido por las calles de Santa Clara del Cobre, van bailando y asustando a la población.
Pero ahora ya no les da tanto miedo, porque los esperan y no pierden la oportunidad de sacar sus celulares para grabarlos o tomarles foto.
Después de recibir a la maringuía”, llegan al Palacio Municipal, ahí los esperan los funcionarios municipales. Ella los abraza y besa, no importa que sea un hombre representando a una mujer, las autoridades les ofrecen refresco y un “pegue” para que el agua no la sientan tan fría.
Afuera los esperan los demás pidiendo agua, todos gritan cuando los chorros del líquido les cae encima; contentos, a gusto, piden más.
Y así, van recorriendo las calles, la gente los sigue, no importa que los asusten con animales muertos, o simplemente van tras de ellos. Mientras, “La Tarasca” baila y brinca, haciendo su sonido característico “rrrrruuuuuurrrr”, que a quien lo escucha por primera ocasión se le enchina la piel. Y los látigos continúan moviéndose contra aquel que no se comporte.
Una característica de las máscaras, es que las elaboran con el material de las cámaras de las llantas, las pintan y les dan formas diferentes, mismas que combinan con su atuendo. Al estar en un pueblo cobrero, no falta la máscara hecha con este material, que sobresale de todas las demás.












