Odisea política

Hace unos días, estuvo en México Angela Davis, feminista, filósofa y académica decolonial, en mi UNAM, para presentar su libro “Abolición Feminismo, ¡Ahora!” junto con su pareja de vida Gina Dent. Durante la presentación, no faltaron las denuncias por grupos estudiantiles, las cuales deben ser tomadas en cuenta y resueltas por las autoridades de la universidad y que éstas deben dejar su postura omisa desde hace décadas, porque se ha favorecido el crecimiento de problemas de violencia estructural, reproducida desde las aulas hacia las mujeres universitarias, lo cual es inconcebible.
Sin embargo, y pese al poco tiempo para una profundización de los planteamientos teóricos que hicieron las autoras del libro, se centraron primero en definir que: Abolición Feminismo es un concepto, que interpela a pensar nuevos modelos de poder colectivizados, así como identitarios e interseccionales. Porque no basta con destruir al abolicionismo, sino también hay que construir para dar paso a otras formas constitutivas de establecer relaciones horizontales en donde el poder se reconoce y se ejerce de manera conjunta hacia un fin común.
Después colocaron dos aspectos más, el fomento a la lectura y la importancia de la educación, que son, en concreto, aquellas acciones que podrán gestar de manera fehaciente hacia una lucha que las mujeres han dado por siglos para lograr un mundo mejor. Lo cual, me llevó a reconocer lo que claramente ha dicho Gaby Molina, durante todos estos años que llevo de conocerla y que ahora está por una apuesta firme y determinada a que Michoacán no sólo necesita una mujer, que como ella, nos lleve hacia una transición pacífica, y que, al menos Gaby, ya lo puso en práctica como lo señaló Angela Davis y Gina Dent, en las cuales creo totalmente.
Estas dos grandes mujeres referentes para muchas que, como yo, nos interesa reflexionar y pensar que las mujeres no somos ni hemos sido reproductoras de la guerra, y que nuestra convicción y forma de entender el mundo no es la opción para un mundo mejor, como tampoco lo es con el despojo, la violencia y el conflicto perpetuo que agota, que cansa, ni con la asociación con el machismo, el racismo y la discriminación. Las mujeres que hemos estudiado todo el tiempo la relación entre el género, la sexualidad y la violencia porque sabemos que son formas reproductoras de sometimiento y porque han sido nuestros cuerpos los que han vivido en carne propia esas experiencias, comenzado por el simple hecho de ¿por qué a mí?
La reivindicación de la abolición que, junto al feminismo, merecen ser estudiados y conversados, no sólo desde la academia, sino llevados a las asambleas vecinales que recorren las calles y barrios de Michoacán, en pequeños espacios en donde se pueda hablar de lo que nos incomoda y que podríamos hacer para abolicionar eso que nos oprime.
Y es que -Abolición- implica la liberación de situaciones que son opresivas y que dañan a las personas, no sólo a las mujeres, sino a la sociedad en su conjunto. La apuesta de Gaby Molina, en concreto y que me enorgullece compartirlo, es que hay claridad en sus planteamientos, que están centrados en la escucha y en el trabajo que ha desempeñado durante estos 20 años que llevo acompañándola en diversas tareas a favor de los derechos humanos de las mujeres, de su insistente argumento que los avances jurídicos implican un avance que otorga validez y obligación para su cumplimiento. No es invención, no es retórica vacía, es constatar que su voz es la experiencia y la congruencia de otras mujeres que han sido referente en nuestras vidas.
Para cerrar, coincido plenamente en que el abolicionismo nos lleva necesariamente a pensar más profundamente sobre nuestra realidad, esa que enfrentamos cotidianamente. Que como también lo dice Gaby Molina, la desesperanza no es la opción para Michoacán, como tampoco lo es para ningún hogar, ni pueblo, ni comunidad, que la tarea es enorme, sí, que no puede haber olvido ni perdón sin justicia, que no se puede borrar la memoria porque nos perderíamos y estaríamos condenándonos a repetirla nuevamente, y las mujeres no podemos olvidar que sobre nuestros cuerpos se hizo una guerra que nos ha costado mucho dolor y sufrimiento, del cual ya es el tiempo de pacificación.
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