Transformando

Los políticos tienen opciones para decidir quién gobierna,
los sinaloenses no tienen la misma facilidad para elegir dónde vivir.
Hay momentos en que las respuestas cambian tan rápido que lo único sensato es comenzar a hacer preguntas, Sinaloa está justamente en uno de esos momentos.
Cuando Estados Unidos solicitó la detención con fines de extradición de Rubén Rocha Moya y otros funcionarios sinaloenses, el Gobierno mexicano exigió pruebas, Rocha pidió licencia y permaneció 112 días fuera del cargo.
El viernes 21 de agosto decidió regresar al gobierno, sin que las investigaciones hubieran concluido y sin comunicación previa con la Presidencia, Gobernación aclaró que había sido una decisión personal y, unas 33 horas después, Rocha volvió a solicitar licencia.
La presidenta Claudia Sheinbaum calificó su regreso como “imprudente” y después afirmó que su nueva separación era lo mejor para Sinaloa.
Y entonces empiezan las preguntas.
¿Por qué fue imprudente que Rocha Moya regresara?
¿Porque seguían abiertas las investigaciones?, ¿porque su regreso podía provocar una crisis política?, ¿porque ponía en riesgo la gobernabilidad de Sinaloa?, ¿o porque existían circunstancias que el propio gobernador decidió ignorar?
Si regresar era tan imprudente, ¿por qué Rocha no lo entendió antes?
Y si realmente fue una decisión personal, ¿por qué su propio movimiento se deslindó de él casi inmediatamente?, ¿por qué quienes meses antes habían cerrado filas terminaron dejándolo solo?, ¿qué cambió?
También resulta inevitable preguntar por qué Rocha Moya no sostuvo su decisión.
El viernes regresó diciendo que volvía para gobernar, el sábado volvió a pedir licencia. ¿Qué ocurrió durante esas horas?, ¿qué mensaje recibió?, ¿quién habló con él?, ¿qué hizo que una decisión presentada como firme se derrumbara prácticamente en un día?
Ahora la presidenta pide que el Congreso de Sinaloa designe a una persona con capacidad, honestidad y profesionalismo.
La petición parece lógica, pero abre otra pregunta.
¿Por qué es necesario subrayar ahora esas cualidades?
¿Es solamente la descripción de lo que necesita el próximo gobernador o también una manera de marcar distancia con quien se está yendo?
Sin embargo, mientras la política discute quién entra, quién sale, quién sabía y quién no sabía, Sinaloa continúa acumulando muertos, desaparecidos, negocios cerrados y empleos perdidos.
Y ahí están las preguntas verdaderamente importantes.
¿Quién responderá por los más de tres mil sinaloenses asesinados durante esta crisis de violencia?
¿Quién responde por quienes todavía no regresan a sus casas?, ¿por las madres que siguen buscando a sus hijos?, ¿por las familias que han aprendido a vivir pendientes de una balacera, un bloqueo o una desaparición?
¿Quién responde por los empresarios que cerraron sus negocios?, ¿por los empleos que desaparecieron?, ¿por quienes decidieron llevarse su inversión fuera del estado porque dejaron de encontrar condiciones para trabajar?
Entre abril de 2024 y abril de 2026, Sinaloa perdió 27 mil 749 empleos formales y registró 4 mil 704 patrones menos ante el IMSS.
Eso también es violencia, porque detrás de esas cifras hay familias, nóminas, comercios y proyectos de vida que dejaron de existir.
Ahora el Congreso de Sinaloa tendrá que decidir quién gobernará el resto del periodo.
Y nuevamente hay preguntas.
¿Elegirán a quien necesita Sinaloa o a quien conviene políticamente?
¿Será una continuidad del rochismo con otro nombre o habrá una verdadera nueva conducción?, ¿el próximo gobernador estará pensando en resolver la crisis o en acomodar las piezas para la elección de 2027?
¿Y dónde están los diputados federales y senadores de Sinaloa?
¿Dónde están quienes deberían estar exigiendo seguridad, estabilidad, presupuesto y resultados para el estado que representan?
La justicia deberá determinar si Rubén Rocha Moya es culpable o inocente de los señalamientos que existen en su contra, pero existe otra responsabilidad que no necesita esperar tribunales; La de gobernar.
La de responder por los muertos, los desaparecidos, los negocios cerrados, los empleos perdidos y el tiempo que Sinaloa continúa perdiendo mientras la política decide quién puede, quién quiere o quién conviene que gobierne.
Por eso quizá la pregunta más importante no sea quién sustituirá a Rocha Moya.
La pregunta es otra.
¿Quién, en este país, está volteando realmente a ver a Sinaloa, entiende que las cosas no están funcionando y está dispuesto a hacerse responsable de cambiarlas?
POSDATA:
“… La inflación volvió a subir, el dato puede parecer bajo, pero si cada semana alcanza para menos y llenar el refrigerador cuesta más, la estabilidad sólo existe en el discurso…”
Es tiempo de los ciudadanos… ¡¡¡preguntones!!!
El autor es empresario, analista y expresidente de la CANACINTRA en Michoacán.
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